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CON PRECAUCIÓN: Todo por asistir a una boda ostentosa

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10 / Octubre / 2018


Si con este argüende que se le armó al presidente electo Andrés Manuel López Obrador (AMLO) al haber asistido a la boda de quien se dice es uno de sus más cercanos colaboradores, no entiende que debe de andar con pies de plomo en todo lo que diga o haga, entonces tendremos AMLO para rato hasta el fin de su sexenio y más allá, porque es posible que sea aún más monitoreado que Peña Nieto.

Lo que ha quedado claro es que los detractores de AMLO aún no asimilan que será el próximo Presidente de la República, pero que todavía está en el limbo y que nada de lo que haga y diga antes de tomar la batuta no perjudica en nada porque el Poder Ejecutivo aún está a cargo de Enrique Peña Nieto, y así se diga que el presidente que está por salir ha perdido poder, tal vez ahora no sea así porque ahora el entrante y el saliente son de diferente equipo y por lo mismo, el que está por salir no le va a soltar de una vez todo el poder nomás porque sí, y menos si el equipo del saliente todavía no encuadran las cuentas o mínimo las disfrazan para que el cohete no truene de inmediato sino hasta que ya haya puesto tierra de por medio la administración que está por concluir.

Sin ser presidente AMLO ya lo cargan como pera de boxeador, ahora imaginemos de qué no serán capaces sus detractores entre los que se podrían encontrar periodistas resentidos que no tendrían por qué estarlo si es que fueran periodistas profesionales, porque se entiende que un periodista debe ser imparcial en todo momento a menos que su dignidad le valga sombrilla y cínicamente se atreva a mirar a sus hijos a los ojos.

Pero, ¿en realidad hizo algo mal AMLO asistiendo como invitado a la boda de uno de sus amigos? Que la boda haya sido de lo más ostentosa posible tal y como se ha documentado en algunos medios, ¿acaso tiene algo que ver el presidente electo? Porque no sería muy ético de parte de AMLO haberse negado a la invitación, y lo mismo hubiese sido si el jolgorio hubiera sido en un corral con gallinas y un tocadiscos o como en este caso, en un lujoso casino y alternando uno de los grupos más famosos del momento que, por más famoso que sean Los Ángeles Azules, como que no encajan en una pachanga de tal magnitud y menos ensamblan con los platillos que se dice degustaron los invitados; por lo que se deduce que fue una fiesta de contrastes.

¿Estuvo mal que haya asistido AMLO y su señora esposa a la fiesta a sabiendas de que iba a ser la comidilla del día? Comidilla para muchos medios que en vez de ocuparse de la realidad del país se entretienen con ese mundo de oropel, habiendo cosas mucho más importantes de que informar, pues el país está siendo cruelmente devastado, saqueado, asesinado y hay miles de desaparecidos, pero al parecer para muchos medios y periodistas el que haya asistido AMLO a una lujosa boda ha sido de lo peor.

Tal y como pintan las cosas, si AMLO se echa una flatulencia de inmediato será dado a conocer por ese mundillo informativo que estará esperando cualquier traspié no nada más de AMLO sino de sus colaboradores para de inmediato atacar a ver qué raja y provecho sacan.

Así que en esta tónica ¿qué irá a hacer AMLO cuando ya esté en funciones y esté de visita en algún otro país y lo inviten a comer o cenar y el evento sea de lo más suntuoso? ¿Acaso rechazar la invitación del presidente, monarca o dictador de la nación que lo haya invitado porque habrá muchos lujos? Algo así como se criticó al presidente venezolano Nicolás Maduro porque aceptó una invitación a cenar en un restaurante de lujo en Turquía, dizque ofendiendo a su pueblo que está muriendo de hambre y él –Maduro- disfrutando de ricas viandas allá, lejos de su patria.

¿Qué acaso no se criticó en su momento a Peña Nieto cuando acudió a diversos países por el vestuario ostentoso de su familia y por cargar hasta con el maquillista de su esposa e hijas?

Aclaro que no es defensa ni mucho menos, sino sentido común al cuestionar que qué culpa tiene un invitado a una fiesta de lo que pase y se ofrezca en esa boda llena de boato si no tiene nada que ver más que la amistad del novio y si por lo visto a ninguno de los mexicanos nos costó mediante impuestos esa fiesta tan cuestionada única y exclusivamente por la presencia del presidente electo que de bien a bien aún no tiene ni voz ni voto ante las arcas nacionales.

Si a uno que está próximo a la inopia nos invita a una fiesta un amigo que sí cuidó su economía y la fiesta es a todo lujo, ¿ya nomás por eso tenemos algo que ver en lo que haya gastado? Sea pues. Vale.