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10 / Octubre / 2018

Al centro el monumento al inmigrante. Palmeras imponentes que se alzan majestuosas mirando hacia el norte; verdes prados circundados por modernas guarniciones de concreto, es lo que distingue al histórico Jardín Morelos de Ahuacatlán.

Algunos lo conocen como El Parque debido a los juegos infantiles que en antaño allí había. Puestos de vendimias, cañas, frutas y sus deliciosos antojitos mexicanos; típico sitio de folklore y de alegrías.

Es el corazón de la ciudad donde muchos acuden a contar sus fantasías, los sucesos cotidianos. Es ahora el lugar preferido de las personas adultas y de una que otra parejita que busca el oscuro acogedor que producen la copas de los árboles.

El Jardín Morelos diariamente recibe la visita de infinidad de personas, chicos y chicas, jóvenes, niños y adultos han convertido a este Parque en el mudo testigo de sus secretos y de sus confesiones.

Gentes de las clases medias populares, de La Presa o de El Salto, El Chiquilichi o La Otra Banda; también de las colonias populosas como la Demetrio Vallejo, la Prisciliano Sánchez, Benito Juárez y Ocho de Mayo, inclusive de las más alejadas como la colonia El Cerrito, el Llano y la Emilio M. González, de todos los asentamientos acuden a dicha Plaza en busca de distracción, esparcimiento, entretenimiento o diversión.

La misma situación todos los días. Viernes y sábados, domingos o lunes; el día que sea. A diario observamos en ese lugar a un puñado de hombres mayores, alrededor del monumento, descansando en las suntuosas bancas de acero reforzado; muchos de ellos tapando sus cabezas con sombreros y en sus pies luciendo botas de trabajo o huaraches de correas de con Millo; saboreando un delicioso Raspado de con Chagua o unos tacos y tortas de con Chago.

También acuden aquellos que sintiéndose Rodolfo Valentino o aquel que le llamaban Juan Tenorio, le lanzan sus piropos a las damas. Oiga usted Doña Lolita que se hizo hoy que parece una hermosa jovencita. ¿Por qué no se sienta un rato conmigo a platicar? ¡Ay no!; es que, voy de prisa allá con Las Delgado a comprar los ungüentos pa´mi amá Bueno, entonces le invito unas ricas enchiladas de Chemita o un pozole de María La Chaparrita El autentico folklore, característico de las zonas populares.

Y al lado opuesto, luciendo en el centro su kiosco moderno majestuoso, se encuentra reluciente el limpio e imponente Jardín Prisciliano Sánchez, al que algunos lo conocen como La Plaza. En medio el Portal Quemado.

Los árboles de trueno, el canto alegre de los pájaros, la gente, las flores y sus prados le dan un aspecto diferente. Las bancas de acero y guarniciones construidas no hace mucho, son ahora el refugio de los novios. Sábados y domingos por la noche, buscando alejarse de los faros se ven a las parejas abrazadas.

Ese es el folklore de ambos jardines; tradición benigna que distingue a esta tierra, cuna de insignes personajes como el mismo Prisciliano Sánchez, Don Francisco N. Arroyo, Antioco Rodríguez, Francisco García Montero y Braulio Aranda, entre muchos otros.