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11 / Octubre / 2018

Estamos viendo a la imagen de un hombre con su mano derecha haciendo la señal de ‘bendición’ (como la de ‘amor y paz’ de los hippies) y, con la izquierda tocándose el pecho, con la palma abierta, cerca de una imagen de un corazón, como el que aparece en muchos íconos de un Jesucristo. Al par, enmarcado con la escenografía clásica católica de la virgen del Tepeyac (¡ojo! No se vé el angelito de los pies, ése de las alitas con los colores de nuestra bandera). ¡Ah! Lleva un corazón estilo ‘Franciscano’.

Y, se nos dice que se trata de una pintura que se encuentra en ‘Espinazo’, Nuevo León (grandeza en la Historia, trabajo de Pablo Condal, No. 20, 1990). Se trata del controvertido ‘Niño Fidencio’. Pero, ¿y quién fue este personaje?

Nos cuentan que fue un curandero que hacía milagros, sanando hasta a desahuciados y cojos, curaba la lepra, y aseguraba poseer poderes mentales, que podía abandonar su cuerpo físico (el ‘cascarón’, le llamaba) para ir a aliviar enfermos, y que llegó a mejorar de ciertas graves dolencias hasta a el propio presidente de México, en ese entonces Plutarco Elías Calles, el anticristero Interesante, ¿verdad? Continuemos, pues.

Lo de Calles: que tenía lepra Así lo afirmó José Nieves Delgado, el asistente, único, que estuvo cuando el Niño Fidencio atendió al presidente aquel 8 de febrero de 1928. No se acepta, sin embargo, que padeciera esa enfermedad. Este hecho, el de la visita, señala la importancia que tenía ya a nivel nacional.

Fidencio surge durante la guerra de los cristeros, cuando la represión de la iglesia católica por el gobierno federal. ¿Coincidencia? El ‘Niño’, como referencia al Niño Dios La gente le creyó un santo viviente, y él se llegó a creer más que humano y un humilde santo, un vehículo de la fé que mueve montañas, y siempre afirmando que Dios es el que cura, le sirvo de instrumento y nada más. Le he pedido a Dios curar a los enfermos valiéndome de los medicamentos que tengo al alcance de mis manos. Mi infinita fé en Dios es la que me concede el poder de sanar. También existe una revelación que hizo, respecto al inicio sobrenatural de sus capacidades: que, en un momento de soledad, se le apareció un hombre, que le entregó un libro que contenía muchísimas fórmulas para el uso de plantas medicinales, con lo que pudo curar a suficientes enfermos. Lo reconocería –según confesó– como el mismísimo y propio Jesucristo

La fama le comenzó cuando alivió de sus males al propietario de la hacienda ‘El Espinazo’, ranchería muy pobre, al alemán Teodoro Von Wernich, que estaba desahuciado por una gangrena de una pierna, de várices. También realizó –entre muchas ‘curaciones’ más– una cesárea con un vidrio de ventana, para extraer un feto muerto de ya una semana, sin anestesia ni dolor, a la señora Guadalupe Zapata, esposa del señor Manuel Ríos Zertuche.

En su acta de nacimiento, levantada en Irámuco, Guanajuato, se lee que vino a este mundo un 13 de noviembre de 1898; de origen indígena, en el rancho de Los Juárez, uno de ¡25 hermanos!

El espinazo es el municipio de Mina, en Monterrey, y allí pasó el esto de su vida. Curiosamente, él, que curó a otros, no pudo curarse a sí mismo: falleció eme ñ año de no se nos informa, sólo que fue un 19 de octubre, y tampoco de qué padecimiento o si fue muerte natural Pero, ¡oh sí! Lo encontramos el dato. Para antes: padecía severas alucinaciones, con frecuentes estados alternantes de desbordada alegría y profundas depresiones, al grado de llegar al llanto indetenible. Al par que si alimentación era muy inadecuada, con desayunos ahítos, sobrecargados pues, de vino; siempre, durante sus años finales, los enfermos que llegaban le regalaban vino, en señal de deferencia, de distinción, que él muy difícilmente se negaba a rechazar (¡chúpale pichón!) para no ofenderlos. Comenzó a engordar y a decaer en su salud (así debieron ser las borracheras que se ponía). Le dieron la extremaunción el 19 de octubre de 1938 y, para la tarde falleció de cirrosis hepática.