Edición del Día

Relacionadas

Entre la espada y la pared

FRANCISCO JAVIER NIEVES AGUILAR


¡Piénsalo bien!

FRANCISCO JAVIER NIEVES AGUILAR


Limpieza del corazón

FRANCISCO JAVIER NIEVES AGUILAR


Momento Político: BAJA CALIFORNIA Y PUEBLA, DOS BASTIONES POR MUCHOS AÑOS DEL PANISMO SE DESMORONARON. EL PRI SIGUE DANDO TUMBOS Y VA EN PICADA.


Por Brígido Ramírez Guillén


CON PRECAUCIÓN: Para lo que sirven los cargos plurinominales

Por Sergio Mejía Cano


EL RITMO DE LA VIDA: AMLO: ni tanto que queme al santo ni tanto que no lo alumbre

Por Pepe Reyna


¡Cállate y contesta!

FRANCISCO JAVIER NIEVES AGUILAR


¡Nunca te rindas!

FRANCISCO JAVIER NIEVES AGUILAR



¡Bájese de ahí muchachito!

11 / Abril / 2019


FRANCISCO JAVIER NIEVES AGUILAR


Aquel minibús chato debió haber sido modelo 1972 o 1973. Buen motor; asientos no tan cómodos. Color azul con franjas blancas, propiedad de la entonces Universidad de Nayarit.

El Rector de aquel entonces tuvo la gentileza de apoyarnos con esta unidad motora. La petición la hizo nuestro director y el presidente de la sociedad de alumnos de la escuela secundaria nocturna y por cooperación Oliverio Vargas.

Fue el 10 de mayo de 1973 cuando ese camión se estacionó en la plaza Prisciliano Sánchez, en el mero corazón de Ahuacatlán.

La indicación que se nos dio fue que todos nos concentráramos en ese punto una vez que finalizara el evento del Día de las Madres en la plaza de toros El Recuerdo.

Habría qué partir a la capital mexicana a eso de las siete de la noche. El grupo se conformó por 25 alumnos -si la memoria no me falla-; pero también se integraron los profesores Juan Ramos y María Flores.

Antes de las 8 de la noche ya nos deslizábamos por la carretera Internacional. Felices todos, pero al mismo tiempo inquietos y temerosos. Al filo de la medianoche arribamos a Guadalajara. Ahí en la Perla tapatía tomamos un breve descanso y continuamos con el viaje hasta el Distrito federal.

Pasaba de las 9 de la mañana del 11 de mayo de 1973 cuando llegamos a la capital mexicana. Todos quedamos asombrados por aquella enorme urbe. Boquiabiertos veíamos los edificios y las avenidas llenas de autos. Gentes caminando de un lado a otro, empujándose y hablando con un tiple desconocido por nosotros.

No había en aquellos tiempos ni celulares ni GPS´s; por eso el chofer preguntó en no muy pocas ocasiones dónde se ubicaba el Hotel República. Creo que fue muy listo, pues pronto nos enfilamos sobre la calle República de Cuba y así pudimos encontrar aquel inmueble. Días antes se habían negociado las reservaciones de los cuartos.

A partir de ese mismo día empezamos nuestra recorrido por los principales sitios históricos de la ahora llamada CDMX –Ciudad de México-. El primer punto visitado fue Telégrafos. El profesor Juan Ramos nos sugirió enviar mensajes a nuestros familiares.

Por la tarde visitamos a Palacio Nacional en un recorrido que duró aproximadamente 2 horas, tiempo durante el cual conocimos muchas cosas de sumo interesantes, como la cama, el traje y los lentes que alguna vez usó don Benito Juárez, los carruajes, etc

Casi al oscurecer nos introducimos a la Catedral Metropolitana. Todo bien hasta ese momento, pero al salir, uno de nuestros compañeros reparó en la ausencia de Antonio Machaín y desde instante la angustia nos invadió a todos; pero más aún a la maestra María y al profe Juan –Ramos-.

Iniciamos su búsqueda en los alrededores. Toño se había extraviado en el trayecto de Palacio Nacional a la Catedral. Para colmo de males se desató una pertinaz llovizna y de la angustia pasamos a la desesperación.

Pensábamos recurrir a los medios nacionales, radio y televisión, dando a conocer la desaparición de nuestro compañero Machaín. Vamos al hotel para abrigarnos y regresamos a buscarlo, recuerdo que nos dijo el profesor.

Toño y yo nos habíamos hospedado en el mismo cuarto; y cuando abrí la habitación lo miré muy horondo revisando alguna revista. De inmediato comuniqué el asunto a los profesores y a partir de ahí volvió la tranquilidad a nosotros.

Machaín tuvo el tino de haber tomado una tarjeta con el nombre y dirección del hotel y, según nos contó, pagó un taxi para llegar al hotel; aunque no se escapó de un merecido regaño.

Al siguiente día, aunque cansados visitamos otros lugares de interés, como la Cámara de Diputados y el Palacio de Bellas Artes; pero en los dos días subsecuentes pudimos conocer el Museo de Antropología, el Castillo de Chapultepec, Teotihuacán y la Basílica de Guadalupe, entre otros.

En la Cámara de Diputados por cierto ocurrió un hecho chusco. Los guardias nos permitieron la entrada hasta el fondo; pero resulta que Javier Cuevas, sin más ni más se subió hasta la mesa del presídium para sentarse justo donde se sienta el Presidente del Congreso.

¡Hey hey, muchacho!, ¡Bájese de ahí!, le dijo uno de ellos. Javier se puso rojo de vergüenza y rápido bajó los escalones para reunirse de nuevo con nosotros, pero con la satisfacción de haberse sentado en tan importantísima silla, en un hecho que todos los de aquella generación guardamos aún en nuestras memorias.

De estas y otras cosas fueron las que estuvimos hablando no hace muchos días la maestra Socorro Villasana y un servidor, en una charla que sostuvimos en el interior de la presidencia municipal. Pero fue esa la primera vez que visité a la capital de la república. Con los años regresé, justo cuando incursioné en las actividades políticas. ¡Qué recuerdos aquellos!