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Entre la espada y la pared

FRANCISCO JAVIER NIEVES AGUILAR

05 / Junio / 2019


La historia de Simón es hasta cierto punto conmovedora. Afirma que nació hace alrededor de 15 años, pero que a la edad de cinco sus padres lo trajeron a Ixtlán, instalándose en el barrio de Las Siete Esquinas.

Su drama empieza desde su niñez; no sé por qué, pero desde pequeño empecé a sentir atracción por los hombres; me encantaban las muñecas y siempre quería andar con las niñas, afirma.

Con esas tendencias -según se puede apreciar en el mensaje que nos envió- Simón fue creciendo. Sin embargo, sus maneras afeminadas han sido causa de severas reprimendas de sus padres, quienes incluso han tratado de llevarlo con sicólogos para ver si es posible que modifique su actitud.

Con todo y ello, dice que en dos ocasiones intentó suicidarse a base de pastillas. Su desesperación es más que evidente. Así se aprecia en ese texto que envió hace alrededor de dos semanas.

Afirma que se siente culpable culpable por la vergüenza que causa a sus padres debido a su inclinación por los hombres. Y es que –exclama- ¡no puedo evitar que me gusten los hombres!, pero también siente remordimientos por esas tendencias.

Esa presión, esa carga, ese sentimiento de culpabilidad es lo que lo mantiene entre la espada y la pared.

Ahora ya no ha pensado en suicidarse, pero en cambio se ha fijado la idea de emigrar de Ixtlán y perderse perderse entre el mundo de la homosexualidad, de la perdición; simplemente para olvidar, para alejarse de las presiones de sus padres.