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14 / Noviembre / 2019



Llegó una vez un Dios a una pequeña aldea en el que sólo había dos habitantes: Toño y Mariano. El primero más listo que el segundo.

Este Dios los enseñó a escribir, coser, cantar, cocinar y, en definitiva, los preparó para el duro trabajo de cada jornada del resto de su vida.

Un día, reunió a los dos habitantes y les dijo:

- Hoy simularemos comenzar a trabajar.

Hizo aparecer dos tomos dorados entre sus manos y les dijo:

- Vuestro trabajo será leer este libro.

Toño y Mariano coincidieron con las miradas en que la tarea era muy simple y que podrían concretarla. Sin embargo el Dios, que les miraba plácidamente como un padre a sus hijos, añadió una simple regla:

- Para que su trabajo sea válido deberán leer cada día la misma cantidad de páginas o más. Nunca menos. Empezaremos mañana por la mañana.

Los dos alumnos tomaron su pesado libro y lo guardaron para comenzar la lección a la mañana siguiente.

Llegó el día de comenzar a trabajar. Los dos se encontraron con páginas de grandes letras. Tan grandes que apenas cuatro o cinco palabras llenaban cada página. El habitante más listo leía pausado cada página, mientras que el habitante menos listo, temeroso de ser el último en esta pequeña prueba, devoró cuantas páginas pudo a lo largo del día.

Cuando atardeció, el Dios preguntó a cada uno de estos sus hijos:

- ¿Cuántas páginas has leído?

- Diecisiete, mi Dios -, respondió serenamente Toño.

- ¿Y tú, Mariano? ¿Cuántas páginas has leído?

- Ochenta y nueve, mi Dios - respondió orgulloso Mariano.

Antes de retirarse a su morada, Dios les recordó que al día siguiente deberían leer el mismo número de páginas. Y al día siguiente, cada uno de ellos se encontró con que a medida que avanzaban las páginas, las letras se empequeñecían.

Toño siguió con un ritmo tranquilo de 17 páginas por día, mientras que Mariano apenas llegó a 50. La letra era cada vez más y más pequeña y, las páginas, imposibles de acabar.

Al final del día, Dios revisó su trabajo y castigó a Mariano por no cumplir con una tarea que el día anterior había hecho perfectamente y felicitó a Toño por haber leído una página más que el anterior.

MORALEJA: Si te ves capaz de cargar con más y más trabajo por ser sencillo HOY, no seas presumido y no hagas de más por lo que pueda venir MAÑANA. Los jefes sólo entienden de resultados, no de circunstancias.