CON PRECAUCIÓN: Al que le toca le toca, pero no hay que ponerse en el tocadero

Por Sergio Mejía Cano

13 / Noviembre / 2020

En diversos medios de información, portales de internet y demás redes sociales, últimamente está resaltando que los sectores de industria, comercio y empresarial en su conjunto, predicen que una cuarentena más o confinamiento como el que se dio a principios de esta contingencia sanitaria, dichos sectores ya no lo soportarían; y por ende, desde luego que gran parte de la población en general tampoco.

Se entiende que todo ser viviente en este planeta nació para vivir en libertad y en pleno contacto con la Naturaleza; sin embargo, el ser humano es el único de las especies vivientes el que ha inventado el encierro tanto para sus mismos congéneres como para la mayoría de los demás seres vivientes en el orbe.

Bien se dice, y se dice bien que aunque la jaula sea de oro, no deja de ser prisión. Y precisamente el ser humano ha creado las cárceles para encerrar a su misma especie, y jaulas, corrales, celdas y otra clase de cercos y encierros, para confinar a otros seres vivientes no por seguridad ni porque hayan cometido delito alguno, sino para sacrificarlos de algún modo, pues está plenamente comprobado que a crueldad, ninguna otra especie la gana a la humana, que hasta goza con ver encerrados a otros seres vivientes y hasta a los de su misma especie y, si hay modo de tomar cualquier cosa como pretexto, como ahora la supuesta pandemia del coronavirus, pues qué mejor para sacar a flote los instintos dictatoriales y autoritarios única y exclusivamente para que los demás no disfruten de la vida, tal y como y para lo que fue concebida: vivir con libertad absoluta y en plena convivencia con la Madre Naturaleza.

Los campos, bosques, montañas, playas y todo lo que signifique Naturaleza viva, es vida, por lo que el ser humano y demás especies del mundo deberían de estar siempre junto a todo esto que da la vida, que proporciona oxígeno, aire puro, Sol, viento, lluvia y todo lo que nutre todo organismo viviente.

Se dictó el confinamiento, la no celebración de festejos tanto familiares como sociales, desfiles, congregaciones de convivencia mutua, etcétera. Y por lo mismo, se han frustrado las ilusiones de quinceañeras, de parejas casaderas, de darles alegría a los niños, a las madres, so pretexto de la salud que, en sí, es viable. Sin embargo, por todo lo sucedido hasta el día de hoy que, a pesar de todas esas precauciones dictadas por las autoridades tanto sanitarias como federales, estatales y municipales, no han dado los resultados esperados, se entiende, y se debería de tener en cuenta de que todo indica que no ha sido el camino adecuado; y si bien se dice que en cierta forma se redujeron los contagios, a pesar de todo esto, aun así siguieron dándose a tal grado de que algunas entidades que aparentemente ya estaban saliendo del semáforo rojo, aun así volvieron a tener contagios a la alza, por lo que es evidente que tanto confinamientos como cierre de negocios supuestamente no esenciales, no cubrieron las expectativas esperadas y no dieron los resultados esperados.

Así que entonces, ¿qué hacer al respecto? Pues volver a vivir con la normalidad acostumbrada apostándole a la higiene y prevención de todos y cada uno y, aunque se oiga mal o fuera de orden, lo más probable es que la humanidad no se extinga, pues como dicen por ahí: morirá quien tenga que morir; pero la humanidad no va a desaparecer del planeta como tal. Y como dijera mi abuelita: al que le toca le toca, pero no hay que ponerse en el tocadero, pues en la casa del jabonero, el que no cae, resbala. De ahí que más no se podría hacer más que seguir restringiendo libertades, garantías individuales y derechos humanos; sin embargo, si no se han podido contener los casi 100 mil fallecimientos aparentemente todos por el covid-19, de todos modos se seguirán dando a pesar de todas las restricciones impuestas habidas y por haber y, si los sectores de industria, comercio y empresarial presagian que ya no aguantarían más, ahora imaginemos a gran parte de la población en general que tampoco ya no ve la suya tanto en cuestión económica como de salud, precisamente por no tener ya la capacidad de poder acceder a una alimentación óptima, nutritiva y desde luego saludable, por no contar con recursos económicos al no haber trabajo por no moverse la economía tanto formal como informal que, por cierto, a esta última es a la que más gente se dedica últimamente.

Infinidad de gente que estaba ilusionada con el aguinaldo, ahora sabe que no llegará en ninguna forma. Y menos trabajo.

Sea pues. Vale.