Angélica y Yaneth, hermanas de Norma Alicia Garzón Escalera, precisan que es falso que ésta formara parte de un cártel de las drogas.

Les molesta, les duele que, ya muerta, a Norma Alicia se le pretenda vincular con alguna organización de delincuencia organizada, lo mismo que a Sofía Magdalena de Jesús García y a María Esperanza Ayala Simental.

Las tres, empleadas del centro nocturno El Líder, el martes 17 por la noche acompañaban a tres muchachos en un automóvil cuando se produjo un atentado a balazos en la avenida Revolución Social, mejor conocida como El Chorizo, junto a la Ciudad de la Cultura.

En el lugar murieron Norma Alicia, Sofía Magdalena, así como José Vladimir Rodríguez Galaviz, Marco Antonio Rodríguez Torres y Roberto Santa Rosa Navarro. Sólo María Esperanza sobrevivió, aunque resultó herida.

NO HAGAS SALIDAS

En un domicilio de la colonia Ruinas de Jauja, donde el viernes 20 inició el novenario por la muerte de Norma Alicia, su hermana Angélica explicó que una de las víctimas pudo haber sido precisamente ella, puesto que también labora en El Líder:

Los tres muchachos llegaron como a las 10 de la noche, por cierto fueron los únicos clientes que tuvimos. Primero fue Mari (María Esperanza) con ellos y después mi hermana y yo. Nos ofrecieron mil pesos a cada una si salíamos una hora con ellos. Yo no quise. Se acercó otra muchacha y no les gustó, hasta que llegó Sofía.

De acuerdo con Angélica, uno de los clientes le preguntó por qué de su negativa: me dan miedo tantas balaceras, recuerda que le dijo, a lo que el muchacho añadió: haces bien en no salir.

Según el relato, los clientes pagaron 300 pesos a la gerencia por cada muchacha, para que les permitieran salir, y los mil pesos se los darían a ellas. Les habían dicho que irían a una casa en la colonia Ciudad del Valle.

Yo me vine como a las 12 de la noche. Estaba lloviendo y habían sido los únicos clientes. Como a la una de la madrugada nos avisaron que habían matado a mi hermana. Fuimos a la Procuraduría y yo entré al SEMEFO, ahí estaban los cinco cuerpos. Mi hermana tenía un balazo en la boca, se la destrozó.

Angélica recuerda que momentos antes de que las tres mujeres salieran del Líder, insistió ante su hermana: Alicia, no hagas salidas, no lo hagas, le pidió.

Pero su petición no fue atendida. Y es que a Alicia le urgía la obtención de dinero para pagar un préstamo obtenido para la compra de ropa y calzado que vendía, además de que tenía otros gastos pendientes por el inicio de clases de sus hijos.

Angélica insiste que el atentado no iba dirigido a las muchachas, puesto que así como estaban en el vehículo, pudieron ser otras trabajadoras del centro nocturno las que acompañaran a los varones.

INCERTIDUMBRE POR

HUÉRFANOS

El cuerpo de Sofía Magdalena, de 26 años, fue trasladado a Jesús María, municipio Del Nayar, en un vehículo de ese ayuntamiento, según fue apuntado en la funeraria del DIF estatal, que les facilitó el ataúd.

Sofía, dice Angélica, tenía un pequeño hijo que vive en Estados Unidos.

En la casa de Yaneth Garzón Escalera –que no se dedica a la vida nocturna- se percibe un ambiente pesado, de incertidumbre sobre todo por el destino que podrían tener los hijos de Alicia: Alejandra, de 13 años; Daniel, de ocho; Yair, de siete; y Priscila, de uno.

Desde pequeño, Yair se ha criado con una vecina que empezó cuidándolo.

Señala Yaneth: cuando mi hermana se iba a trabajar, yo le cuidaba a sus hijos. Están acostumbrados a mi. No quisiera que se separaran, en especial Daniel y Priscila, que están muy chicos.

Daniel, dice su tía, estaba muy apegado a su mamá; el jueves, después de la sepultura, lloraba y preguntaba por ella.

El viernes, durante la visita de este reportero, el niño se movía en silencio por la sala de la casa. Jugaba con unos monitos.

Yaneth está consciente que requiere apoyo económico para sacar adelante a los niños, pero le espanta la idea de que sus respectivos padres los reclamen y sean separados.

Tan sólo por los gastos funerarios, tuvieron la ayuda de amigos y compañeras de la ahora occisa, además de vecinos. El DIF les donó el ataúd.

Yaneth y Angélica piden que el nombre de su hermana quede limpio. Fueron víctimas de esta guerra. No eran narcoprostitutas como se ha dicho; así como fueron ellas las que iban en el carro, pudieron ser otras muchachas, incluso de otro centro nocturno, insiste la segunda de ellas.