José Alberto Díaz recuerda cuando, de 20 años, le regaló un anillo a Domitila en su fiesta de 15 años, y un año después se juyeron.
Ahora, 11 años después, ve los dos extremos de su situación:
Me siento tranquilo porque ya no se está burlando de mi, pero me siento mal y que Dios me perdone porque le quité la madre a mis hijos.
José Alberto es el trabajador de la Coca-Cola que el lunes 16 estranguló a su esposa, Domitila Ibarra García, producto de una infidelidad con José Esteban Ramos, cuñado de la ahora occisa.
No es porque yo lo diga, pero a mi mujer le di lo mejor de mi, tenía muchas cosas para ella y la quise mucho. Yo nunca le fui infiel y ella si. Hablé con ella muchas veces y le pedí que mi concuño no entrara a la casa, sobre todo cuando yo no estuviera; también hablé con él y con mi cuñada, porque yo ya sospechaba.
José Alberto se describe como un hombre leal, derecho:
Si quiere, investígueme en la colonia La Taberna, ahí me crié, o en Vistas de La Cantera donde vivo; no va a escuchar quejas de la gente. Esto que me está pasando me duele mucho, como no se imagina, pero al mismo tiempo me siento tranquilo porque eran muchas burlas hacia mi.
Aunque el juicio por el homicidio apenas inicia, José Alberto está confeso y lo que más le urge es conocer la sentencia que se le impondrá para saber a qué atenerme. Mi vida no termina aquí y voy a seguir adelante.
La pareja procreó dos hijos, una niña de nueve años y un niño de seis, que ahora viven con la señora Manuela García Zapata, mamá de Domitila.
MENSAJES POR CELULAR
José Alberto hace una narración detallada de lo que se convirtió su matrimonio en los últimos meses; siempre, dice, su mujer le prometía que iba a cambiar, que se alejaría de su cuñado, pero siempre tenía pretextos para volverlo a encontrar: que si él iba a su casa y ahí lavaba su ropa, que si sus hijos querían jugar con los de ellos. Y así.
Una vez, incluso, los concuños se liaron a golpes, luego de que José Alberto leyó mensajes comprometedores en el celular de su esposa, enviados por el otro.
El sábado 14 parecía que la relación terminaría en definitiva. Un día antes, él le dijo que el sábado trabajaría horas extras. Ella, a su vez, laboraría en el Oxxo de Vistas de La Cantera de siete de la mañana a siete de la noche. Era cajera.
Al mediodía, narra el detenido, Domitila le preguntó, por mensaje en celular, si podía llevarle un medio pollo para comer. Y él accedió. Para entonces ya había cumplido su turno en la Coca-Cola, donde era llenador del refresco.
José Alberto se animó poco después porque, a través de un mensaje, ella le comentó que le hubiera gustado un beso cuando fue al Oxxo a llevarle la comida. Había sido imposible por la gente ahí presente.
Según José Alberto, se dirigió al centro de Tepic y compró dos regalos: un anillo de oro, no caro, pero bonito, y un Topoyiyo. Pensaba que al día siguiente irían a una iglesia y ahí le entregaría el anillo, puesto que sólo eran casados al civil.
Más tarde, envió un mensaje a su esposa: haría horas extras y llegaría noche, le mintió.
La realidad es que antes de las siete de la noche estacionó su camioneta cerca del Oxxo y espió la salida de su esposa. Tal y como lo presentía, ella no se dirigió a su casa, sino a la de su hermana –también en Vistas de La Cantera-, que a esa hora trabajaba en una tienda del centro comercial Forum.
Minutos después, José Alberto vio por una ventana como su esposa escribía algo mientras su cuñado la acariciaba.
No hubo más: esa noche le pidió las llaves de la casa y la corrió. Me dijo que nada más había ido a hacerle una carta de recomendación, que la perdonara, pero me negué. En la madrugada del domingo se fue.
ME LLENÉ DE IRA
Pero el lunes 16, Domitila insistió que quería volver y recuperar su matrimonio.
Me habló llorando, me pidió que la perdonara. Nos reconciliamos. Tuvimos relaciones sexuales. Nos acostamos. Mis niños estaban cenando. Cerré la puerta de la recámara y me decidí a quitarle la vidame llené de ira, la quería mucho, ahora me siento tranquilo porque ya no se está burlando de mi, pero a la vez me siento mal y que Dios me perdone porque le quité la madre a mis hijos.
José Alberto estranguló a Domitila y se ayudó con una almohada para taparle la cara. Después, ya muerta, le acomodó la ropa. La dejó tendida en la cama y él se fue a dormir con sus hijos a la otra recámara.
Por la mañana del martes, llevó a sus hijos a Burger King a comer hamburguesas. Pidió dinero prestado y les compró ropa y zapatos. Después los llevó a la casa de su hermana Martha. Le pidió que los cuidara porque saldría a trabajar fuera de Tepic, le dijo.
La realidad es que tramitó un cambio en su seguro de vida, que estaba a nombre de Domitila, y los puso a favor de sus hijos.
Luego regresó a su casa en Vistas de La Cantera.
La pobrecita ya empezaba a oler mal. Me comí muchas pastillas y veneno para ratas y me acosté junto a ella, pero no me hizo efecto. Luego metí la cabeza a una bolsa de plástico, pero cuando se me estaba acabando el aire, sabe qué, hice un cambio de planes y dije: ‘no me muero’
SU ENTREGA
Durante la mañana del miércoles, José Alberto recogió a sus hijos y a bordo de su camioneta tomó rumbo al norte del estado, sin destino. A los niños les dijo que su mamá se había ido lejos.
Sin embargo, a la altura de Rosamorada, una llamada perdida en su celular lo hizo detenerse. Era su hermana, que ya advertía que algo malo estaba ocurriendo.
Le hablé a mi hermana y le conté todo. Se preocupó y me pidió que regresara, porque si la policía me detenía, los niños se iban a asustar mucho. Entonces nos regresamos a Tepic.
Esa noche de miércoles 18, José Alberto se comunicó a un teléfono que no recuerda, pero añade que lo canalizaron a la comandancia que investiga homicidios en la Agencia Estatal de Investigación.
A un policía le dijo dónde se encontraba y lo que había hecho. Minutos después, varios policías lo recogieron y fue él quien abrió el domicilio de su casa, donde estaba el cadáver de su mujer.
Al día siguiente fue presentado ante reporteros locales. Se le vio llorar.
La quise mucho y le di lo mejor de mi. Me acuerdo que le regalé un anillo cuando cumplió 15 años, pero ya eran muchas burlas y me llené de ira