Por: José Ma. Narváez Ramírez.
En plenas fiestas de los centenarios, con mayor razón se vale disfrutar los fines de semana de un paseo en el trenecito de La Loma, es una distracción ideal para los pequeños, -especialmente- se trata de un viaje a través de una especie de selva que los chiquitines imaginan, con sus lagos y cascadas, sus pasos cerca de las figuras de animales domésticos y salvajes semi escondidas entre la abundante vegetación y la interminable despedida confundida con la bienvenida de cada uno de las vueltas, en una máquina que difícilmente conocerán los niños cuando les llegue su turno de adultos en la vida real.
Son los tiempos hermosos de la parva mocedad, que se van tan rápido y que de pronto los chicos se hacen jóvenes y la fantasía del viaje en el trenecito de La Loma, queda en el libro de los felices recuerdos El mundo fabuloso de la imaginación se trastoca en la realidad y de buenas a primeras ya los padres de familia están comprando los pantalones largos o el traje sastre para los quinceañeros del hogar Llegan los rastrillos y los kotes
Volver a La Loma, es para muchos chavos vagos, ir a cometer actos vandálicos con los juegos mecánicos que son para los menores de edad; acudir a destruir las estatuas de animales que fabrica un profesor de Jalisco; asistir a practicar el pégue con la novia o el novio, (tradición ahora ya casi en decadencia porque hoy se usa ir al motel). ¿Cómo olvidar aquellos días en que íbamos con nuestra libreta de apuntes a garrapatear algo que querían simular unos versos dedicados a la primera dulcinea?
Pero sucede que el tren de este paseo familiar se descompuso desde el viernes de la pasada semana y hasta anteayer lo repararon encargados de accionarlo, dicen (como en los ayuntamientos de Nayarit) que le faltaba una pieza para repararlo y que no había dinero para comprarla (a pesar de que sacan muy buenos centavos con este jugoso negocio).
Y ahora queda demostrado que el imán de este lugar de esparcimiento es el tren y todos los demás negocios que ahí funcionan se ven desiertos, porque chicos y grandes que acuden a divertirse, tienen que pasearse en él y si no sirve pues de plano no hacen acto de presencia y prefieren ir a las albercas o a cualquier otro centro de diversión, a pesar de que hay una fuente danzarina donde se bañan los menores, gratis.
Los puestos que funcionan en La Loma son muy caros –dice la gente-, y ni pensar en que los propietarios de ellos se cooperen para pagar la reparación. Con decirles que el otro trenecito que funcionaba, está en el olvido, en proceso de oxidación rápida listo para ser desechado.
El Patronato de La Loma parece que está como éste no funciona y Obras Públicas Municipales no se da por enterado de ello.
Control señores Control con el asunto de la gastadera por el regreso a clases, pues por un lado está bien que se haya suspendido el funcionamiento del trenecito pero por el otro, está mal que nuestros niños se vean privados de él Ojala que Obras Públicas se de cuenta de lo que causa esta situación