Por: Zeferino Ramos Nuño

Y LO QUE SON LOS RECUERDOS.- En un día como hoy, hace diez años, murió un pilar doctrinario del PAN moderno. Me refiero a Carlos Enrique Castillo Peraza (Mérida, Yucatán. Abr.17-1947 – Bonn, Alemania, Sep.8-2000). Intelectual, periodista y político mexicano, miembro del PAN desde 1967, al que renunció en 1999. Amigo de Nayarit y de los nayaritas; su primera salida como presidente del CEN de Acción Nacional fue a estas tierras. De él los panistas de los últimos cuatro lustros del siglo pasado aprendimos muchas cosas.

Cuando fuimos diputados en 1988 a la LIV Legislatura del Congreso de la Unión, comentaba: Se dice que el PAN es un buen partido de oposición, que hemos aportado mucho a la política, pero debemos conseguir llegar al poder, para poder servir panistamente a México, para implantar nuestra concepción del bien común.

En él tenemos, quizás, al último de los grandes, al último panista místico. Ese pensador que murió lleno de sentimientos encontrados, con un partido, su partido, envuelto en una victoria nacional, esa por la que sus antecesores tanto lucharon, pero de igual manera, con un partido desconcertado, atrapado por las redes de las tentaciones del poder, en las innumerables victorias locales que el PAN comenzaba a cosechar.

En estos diez años que corren desde la muerte de Carlos, muchos viejos panistas hemos tratado de encontrar congruencia entre lo que impulsó al PAN desde su fundación y hasta hace unos años y el pragmatismo torpe en el que ahora se encuentran enredados muchos nuevos panistas y algunos no tan nuevos.

A Carlos le debemos mucho más de lo que imaginamos, no sólo el PAN, sino todo México. Esta democracia en pañales que desde el 2000 comenzamos a trabajar fue, en gran parte, gracias a él y a su política de lo posible, esa política siempre dialogante y conciliadora, esa que rechazaba las utopías y aceptaba el bien más posible.

En sus escritos podemos leer que la política de lo posible es la única política eficiente que hay, lo demás son aventuras o fantasías, y es cuando empezamos a entender que Carlos era un filosofo que entendía mejor que nadie la doctrina de Acción Nacional, que proponía en pro de ella, que la buscaba día con día y que la vivía siempre viendo por el bien común, adaptándose a la realidad y con los pies en la tierra.

Hoy, a diez años de su muerte, nos encontramos aquí, queriendo entender al país y sus problemas, en la incertidumbre de una crisis que nadie sabe cuándo empezó, si está por terminar, o si simplemente sigue siendo. Nos encontramos buscando respuestas que negamos que busquemos, creyendo y pensando que lo sabemos todo y que lo podemos todo. Pero sin entender que estamos mucho más perdidos de lo que creemos. Dijo Florentina Villalobos nada corrompe más a un partido que quedarse huérfano de ideas.

Es tiempo de volver a lo de antes, a nuestras raíces; es tiempo de entender que necesitamos mucho más que pragmatismo plástico, acomodaticio, de ideas de corto alcance. Es tiempo de entender que atrás de nosotros hubo sangre, dolor, lucha, y que la responsabilidad que cargamos va mucho más allá de candidaturas y búsquedas del poder solo por el hecho de buscarlo, solo por el hecho de abarcar y obtener mayorías que no sirven si no tenemos una idea, un sueño de donde agarrarnos. Tenemos ejemplos a seguir; ahí están Manuel Gómez Morín, los dos Efraínes (González Luna y González Morfín), Miguel Estrada Iturbide, Rafael Preciado Hernández, Adolfo Christlieb Ibarrola, José Ángel Conchello Dávila, Abel Vicencio Tovar, Florentina Villalobos, María Elena Álvarez Bernal, y tantos y tantos más que sembraron la buena política.

Castillo Peraza sostenía que el Estado democrático es un Estado que institucionaliza el diálogo. Y el diálogo, decía, no es un hecho de fuerza sino que su materia prima es la palabra y su condición esencial es la buena fe del interlocutor. Sin embargo, no cayó en la trampa de quienes creen que la democracia es la panacea de todos los males sociales. Castillo Peraza estaba convencido de que la democracia sólo era un sistema para tomar decisiones; en ella no se decide ni la doctrina, ni los principios; se discute la forma, no el fondo.

¿Y qué tenemos hoy por hoy en muchas partes de México? Ausencia de diálogo y exceso de autoritarismo, no aceptación de la crítica, gastos millonarios en crear imagen y en culto a la personalidad de gobernantes en todos los niveles, por ejemplo: Ney González Sánchez y Roberto Sandoval Castañeda, entre muchos más.

LO QUE SON LAS COSAS Es tiempo de extrañar a las bestias políticas, como se llamó a sí mismo Carlos Castillo, y junto con la melancolía del ayer entender que nosotros somos los que seguimos, y que políticos o no, tenemos que abrazar un sueño, el de un México mejor, y desde nuestra trinchera, la que sea, defenderlo.