ÓSCAR VERDÍN CAMACHO.-
Agazapado tras una barda, un soldado asoma la cabeza, el casco y el cañón de su metralleta a unos metros de las oficinas del Juzgado Tercero de Distrito, en el crucero de las avenidas Insurgentes y Bucerías.
El militar se muestra atento ante cualquier movimiento extraño frente a si, en especial de los vehículos que transitan cerca.
Otros integrantes del Ejército Mexicano y de la Policía Federal resguardan el acceso principal al inmueble, su parte posterior, el estacionamiento, la azotea…todo pues.
A su vez, en la colonia San Juan, donde se ubican los juzgados Primero y Segundo de Distrito, también se observan imágenes similares. Soldados y federales en vigilancia permanente.
El tramo de una calle ya fue cerrada al paso vehicular y sólo se permite que transiten los vehículos de los empleados judiciales o de quienes poseen algún negocio en esa zona.
En el interior de esas oficinas, agentes de una empresa de seguridad privada verifican que todas las personas que ingresan se anoten en una lista especial para ello, donde además debe dejarse una identificación oficial, principalmente la credencial de elector, cuya numeración también es anotada.
Luego son pasados cerca del cuerpo, de arriba abajo una y otra vez, aparatos especiales para detectar algún tipo de arma.
Los juzgados aparentemente trabajan con normalidad pero es evidente el nerviosismo de sus empleados. Prácticamente nadie hace comentario alguno sobre la seguridad extrema que existe a raíz de lo sucedido el sábado 18, cuando ocho agentes federales fueron abatidos por un comando que intentó liberar a reos que eran trasladados al penal federal El Rincón.
Igualmente se sabe que agentes del Ministerio Público Federal que trabajan directamente en averiguaciones previas de asuntos importantes del narcotráfico reciben protección especial del Ejército.
Nadie se imaginaba hace apenas unos meses que una situación así se viviría en Tepic. El pacífico Tepic.