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27 / Abril / 2018

Recientemente apareció en los diarios una nota referente al dueño de una tienda departamental con cede en Culiacán, Sinaloa, y con sucursales en varios estados del país, en donde insta a otros empresarios a no votar por Andrés Manuel López Obrador y a sus trabajadores también les hace esta sugerencia. Y también más recientemente aparece la nota en donde el director general del Grupo Aeroméxico, les pide a sus empleados que razonen bien y fríamente su voto.

Obviamente que estas sugerencias a los trabajadores de la tienda departamental se podría considerar como un amago aunque no lo parezca; si la sugerencia es entre los mismos empresarios, pues ahí toma cada quien el asunto como lo quiera tomar, pero los trabajadores de estos empresarios posiblemente se sientan en una disyuntiva por aquello de no te entumas.

Se supone que el voto es libre y secreto y que cada quien al estar dentro la mampara se tiene toda la libertad del mundo para tachar al partido o candidato de su preferencia, entonces, ¿por qué hay quien dice que muchos trabajadores que reciben un amago de esta naturaleza por parte de su patrón se sienten en cierta forma intimidados? Posiblemente porque sí podría haber fórmulas para saber si acataron las instrucciones o no.

Al inicio de la década de los años 70 del siglo pasado, muchos de mis contemporáneos comenzaron a trabajar en varias partes allá en la ciudad de Guadalajara. Muchos de estos amigos de la infancia, adolescencia y de la proximidad de entrar a la edad adulta, se mostraban orgullosos por estar ya afiliados a alguno de los sindicatos liderados ya fuera por la CTM o la CROC, afiliados aunque no quisieran porque no había de donde escoger porque para conservar su trabajo por fuerza tenían que estar afiliados a cualquiera de estas dos organizaciones sindicales, una comandada por don Heliodoro Hernández Loza(CTM) y la otra (CROC) por don Francisco Silva Romero.

Esto de pertenecer a cualquiera de las centrales obreras obligaba a los afiliados a tener que ir a marchar el 1 de mayo y asistir a los mítines proselitistas de los candidatos priistas en donde por lo regular los candidatos eran casi siempre don Heliodoro o su señora esposa doña Guadalupe Martínez, y por el otro lado don Pancho Silva o su sobrino Porfirio Cortés o en dado caso personas muy allegadas ellos.

Muchos de mis contemporáneos y un servidor obtuvimos nuestra Cartilla Nacional para Votar por primera vez en 1971 pero no pudimos votar hasta las elecciones locales de 1973. Y platicando sobre los comicios, varios amigos que estaban trabajando en alguna industria o compañeros del ferrocarril que antes de entrar a la empresa ferroviaria habían trabajado en otros lados, coincidían al platicar sobre cómo estaba la tranza para que ganara el otrora partido aplanadora.

Decían los compañeros y amigos que el día de las elecciones eran citados a la empresa en donde trabajaban, en donde les entregaban una boleta con una cruz o tache marcando el logotipo del partido que ganaría, y les daban la instrucción que la boleta que les dieran para votar la guardaran en blanco en su bolsillo y que depositaran en la urna la que les habían dado ya marcada, y que ese mismo día o al siguiente, las boletas en blanco que les habían dado en la casilla las entregaran a sus respectivos representantes sindicales y listo. Y había un amago para quien no cumpliera con estas instrucciones: tres días de castigo o despido de la empresa y pérdida de derechos sindicales. Obviamente que esto no hay forma de demostrarlo, solamente me baso en lo que oí alguna vez por parte de aquellos compañeros y amigos. Sin embargo, con el tiempo, alguien que había pertenecido a uno de los sindicatitos de la CTM, me confirmó que esta práctica era o fue verídica.

Y hoy en día oigo una plática en donde de acuerdo a la nueva tecnología, si no se puede entregar a un sindicalizado una boleta ya marcada para que la cambie por la que le den en blanco en la casilla en donde ocurra a votar, se le dice que al estar dentro de la mampara al tachar la boleta por el candidato o partido que se le indique, le tome una foto con su celular y después la muestre a sus representantes sindicales o en su caso, a su patrón laboral.

Se supone que las boletas traen un folio y son infalsificables, tal vez, pero está visto que en nuestro país todo es posible; y además, a la hora del conteo es muy raro que alguien se fije en algún folio o si es falsa la boleta, se revisa en dónde está la cruz de la votación y ya.

Sea pues. Vale.