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No cabe duda de que cuando algo se convierte en un común denominador, esto permanece así cambien las siglas, marcas o nombres de las cosas. Tal es el caso de la credencial para votar que se le dio en llamar el IFE, y a pesar de que ya pasaron más de cinco años en cambió la denominación del antes Instituto Federal Electoral (IFE) a decir ahora Instituto Nacional Electoral (INE), la mayoría de la gente a dicha credencial le sigue llamando IFE y no INE.

En la mayoría de las ventanillas o cajas de cualquier negocio en donde se pida al cliente que se identifique, quienes están del otro lado solicitan que muestren su IFE y obviamente la misma costumbre la tienen muchos clientes que de inmediato entienden a qué se está refiriendo la persona que está del otro lado del mostrador: que le está pidiendo la credencial de elector como medio de identificación.

Y he aquí lo curioso de que se haya tomado la credencial para votar como el documento principal de identificación, siendo que es clara y únicamente la credencial para votar. Obviamente que esto se dio a partir de que se le puso la foto del ciudadano en dicha credencial, porque en un principio no aparecía la foto del posible elector; y mucho más antes, era una simple cartilla para votar, que consistía en un cuarto de papel tamaño oficio y nada más. Así que para poder identificarse un ciudadano ante cualquiera instancia, como no existía la credencial para votar con fotografía era necesario echar mano de otro tipo de documento para poder identificarse, como los adultos que muchos de ellos utilizaban la licencia de conducir, el pasaporte o simplemente la credencial de su trabajo, de su sindicato o de alguna asociación a la que perteneciera; y los menores de 18 años con su credencial de la escuela. Así que ¿por qué ahora no se acepta otro documento como identificación más que la credencial para votar? Desde luego se podrá decir que es por la facilidad de que por la fotografía y los candados de seguridad que la hacen prácticamente casi infalsificable; casi, porque se ha documentado que se han detectado infinidad de credenciales de elector falsas, sobre todo en el sur de nuestro país en donde se han descubierto a muchos centroamericanos con su credencial para votar como mexicanos e incluso se ha dicho que andan así por todo el país, ya que son muy parecidos a la raza de bronce de la que muchos mexicanos nos enorgullecemos.

El hecho de que se solicite casi prácticamente para todo lo que requiera identificarse la credencial de elector, significa tener que andarla cargando casi siempre y no nada más el mismo día que se acuda a votar, por lo que esto implica que mucha gente la llegue a extraviar y por ende tener que andar en el viacrucis de la reposición, sobre todo habitantes de Tepic que por equis circunstancias del destino su credencial para votar es de otra entidad. Y eh aquí lo anómalo porque si una persona que extravía su credencial para votar y esta es de otra entidad, para poderle dar una reposición tiene que traer dos testigos desde la entidad que sea la credencial, y si son personas de escasos recursos, ¿pues cómo? Como por ejemplo alguna persona de Chiapas que esté trabajando en Tepic y que extravíe su credencial y acuda a las instalaciones del INE a solicitar una reposición de la misma, tiene que pasar por varios trámites engorrosos, principalmente la de la presentación de dos testigos originarios también de Chiapas.

Los adultos mayores que acuden a las oficinas del Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (INAPAM) por su credencial que los identifica como pertenecientes a la tercera edad, al momento de firmar el documento de entrega recepción, pueden leer en el mismo, que dicha credencial entre otras cosas, les sirve como identificación oficial; sin embargo, hasta el día de hoy no se sabe de algún negocio o empres o dependencia de gubernamental que la acepte como tal, en todos lados solicitan la credencial para votar y la del INAPAM que supuestamente serviría como tal, no se acepta sin excusa ni pretexto a pesar que es emitida por un organismo público descentralizado de la Administración Pública Federal.

Nada le costaría al encargado o gerente de un negocio y bancos, respectivamente, emitir una circular dirigida a sus empleados apoyado en la Ley de la Senectud, en donde los hiciera aceptar la credencial del INAPAM como identificación oficial. Esto porque los adultos mayores son más propensos a que se les extravíe su credencial para votar.

Sea pues. Vale.