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24 / Agosto / 2018

Cuando concluyó mi ciclo en el Hotel Corita, me trasladé hacia Puerto Vallarta, invitado por mi amigo Jorge Tejeda; y al segundo día de haber llegado me designaron Jefe de Recepción del Hotel Tropicana

El establecimiento -no sé si aún exista- estaba ubicado hasta el extremo oriente, específicamente sobre el área denominada Playa Los Muertos.

Era un hotel de tres estrellas, pero con cerca de 200 habitaciones. El Gerente, si mal no lo recuerdo, se apellidaba Hernández; y era un hombre muy noble, bastante accesible y extremadamente atento.

La planta de trabajadores se conformaba por alrededor de 120 personas - entre recepcionistas, recamareras, personal de mantenimiento, cocineras, meseros, etc - Pronto cultivé amistad con ellos; pero recuerdo especialmente a Julián Romero, quien siempre me tendió la mano, dada su benevolencia.

En el Hotel Tropicana conocí precisamente a Víctor Iturbe El Pirulí -uno de los mejores cantantes y compositores de aquella época, muy reconocido en toda la república y allende el extranjero-.

El Pirulí, según me lo contó él mismo una ocasión que llegó al hotel para tratar algún negocio, tenía su propia residencia en Vallarta. Era una persona espigada de estatura, ojos pequeños y sonrisa agradable, complexión delgada Creo que en su dentadura se apreciaba una pieza de metal -oro o plata, no lo recuerdo muy bien-.

Los mismos empleados del hotel me decían que sobre la parte noreste de éste hermoso Puerto, entre la espesa colina, se alzaba la majestuosa mansión de Richard Burton y Liz Taylor, de los actores norteamericanos más famosos de aquella época.

El ambiente laboral en el Hotel Tropicana era de primera solo que los sueldos no eran tan oportunos; y fue quizás esa razón la que me orilló a buscar otro empleo, dentro del mismo ramo, es decir en el área de turismo -y sobre todo en el ámbito de la hotelería, pues era mi fuerte, por así decirlo-.

Total. En el citado establecimiento solo permanecí a lo sumo un mes; pero antes de renunciar al cargo concerté una cita con mi paisano, contemporáneo y amigo, Toño Machain, quien en ese entonces se desempeñaba como Housekeeper - Ama(o) de Llaves - del Hotel Buganvilias Sheraton, quizás el de más prestigio en aquellos tiempos.

Toño Machain, quien fue mi compañero en primaria y secundaria dominaba a la perfección el inglés derivado de los estudios que realizó en los Estados Unidos y sostenía muy buena relación con el Gerente General; y, conociendo mi situación, me sugirió que tuviera una entrevista con éste, para ver la posibilidad de un empleo.

La entrevista con el Gerente del Hotel Buganvilias Sheraton de Puerto Vallarta se efectuó un lunes un lunes del mes de enero, aunque no recuerdo la fecha precisa. Y más bien fue un diálogo que cuando mucho duró 10 o 15 minutos. Prueba superada -recuerdo que me dijo-; te espero dentro de 15 días; vas a entrar primero como recepcionista, y después ya veremos, anotó.

La oportunidad para crecer como trabajador en hoteles de cadena internacional había llegado. Muy bien, aquí nos vemos, le dije al Gerente; y esa noche me trasladé hacia Ahuacatlán, mi pueblo.

La idea de trabajar en el Hotel Sheraton me entusiasmó mucho, y claro que tenía pensado regresar para la fecha acordada; pero a los seis días de haber llegado a Ahuacatlán se suscitó un enfrentamiento entre solicitantes de lotes y los pequeños propietarios. ¡Hubo hasta balazos!; agresiones a pedradas y el saldo fue de por lo menos siete personas lesionadas.

El movimiento de los demandantes estaba encabezado por el licenciado José Luis Sánchez González, a quien ya en anteriores ocasiones había escuchado, causándome buena impresión por su postura ideológica.

Mi esposa era una de las solicitantes de lotes y fue ella misma quien me puso en contacto con José Luis, surgiendo entre ambos una bonita amistad que aún prevalece hasta la fecha.

El movimiento de José Luis llamó poderosamente mi atención; y al mismo tiempo el Director de la Escuela Secundaria Nocturna Profesor Oliverio Vargas, me invitó a dar clases de inglés, pidiéndome encarecidamente que aceptara, esto es debido a que el maestro que impartía esta clase había renunciado repentinamente, dejando ese vacío.

Consultándolo con mi familia, ¡Acepté!, y al siguiente día me vi de pronto en las aulas, impartiendo clases de inglés. Luego, durante esos mismos días se conformó el Movimiento Insurgente, cuyo objetivo inmediato era pelear por la destitución del licenciado Raúl Rivera Anzaldo, presidente municipal.

De ésta manera, entre las clases de inglés y las acciones por la destitución del referido alcalde, me olvidé de mi ingreso al Hotel Sheraton; siendo así como dejé también mi carrera como profesional del turismo, para dedicarme a las cuestiones políticas y cuya actividad me permitió un sinfín de experiencias y de las cuales relataré en otra ocasión.