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30 / Agosto / 2018

En 1992 trabajando en un tren de pasajeros de Guadalajara a Tepic, me encuentro viajando a un compañero y amigo al que ya tenía varios años que no veía. Después del saludo correspondiente me dice que está radicando en Arandas, Jalisco, porque de allá es la familia de su esposa. Me comenta que ya está jubilado y pensionado.

Él y yo prácticamente entramos a trabajar al Ferrocarril del Pacífico en 1972, y ascendimos juntos a la rama de Transportes en 1976 como llamadores de tripulaciones, y ascendimos a garroteros de patio en 1977; pero precisamente en ese mismo año él sufrió un accidente en donde perdió medio pie derecho al ser pisado por la rueda de una unidad de arrastre.

Ya no pudo continuar como trenista; sin embargo, como su papá era oficial de la empresa consiguió que por medio del sindicato se le diera la oportunidad de continuar su vida laboral en dicha rama como locomotorista, así que quedó trabajando como ayudante de maquinista de patio y posteriormente ascendió a maquinista de patio y luego a ayudante de maquinista; pero vio la oportunidad de poder cambiarse a garrotero de camino y de ahí ascender a conductor de trenes. Pero como su papá ya se había jubilado ya no tuvo las mismas palancas de antaño, así que el sindicato se la hizo tablas no accediendo a su cambio ni por medio de alguna permuta. Todo esto porque su ilusión desde siempre era llegar a ser conductor de trenes, y en donde había caído después de su accidente solamente podía aspirar a ser maquinista de camino, cosa que no le llamaba la atención en lo más mínimo. Así que al recibir la negativa tanto del sindicato como de la empresa, demandó ante la Junta del Trabajo, y al ver que no prosperaba su demanda, escribió cartas a la Presidencia de la República varias veces; y sí le hicieron caso, por lo que lo mandaron llamar para que acudiera al Palacio Nacional en el entonces Distrito Federal.

Comentó mi amigo y compañero que en Palacio Nacional lo recibieron dos individuos bien trajeados quienes lo hicieron que los acompañara al Sindicato Ferrocarrilero, en donde fueron recibidos por otros tipos también bien trajeados. Él les explicó el motivo de su demanda, a lo que le dijeron que ya estaban enterados, pero que de aceptar su petición, otros compañeros protestarían por aquello de los derechos de escalafón y todo eso. Así que mejor le hicieron recordar la película de El Padrino al hacerle una oferta que no pudo rechazar: su jubilación y pensión proporcional aparte de una cantidad económica por liquidación.

Como se mostró renuente en un principio a dicho ofrecimiento porque su ilusión era llegar a ser conductor de trenes, los ahí reunidos en el sindicato ferroviario le dijeron que lo pensara dos veces porque lo del ferrocarril ya estaba por terminar, que posiblemente no llegara a seguir trabajando mucho tiempo porque ya estaba en puerta la nacionalización de los ferrocarriles y posiblemente hubiera despidos o recorte de personal.

Lo curioso, me dijo aquella vez mi amigo y compañero, que era el año de 1984 cuando sucedió todo esto, y desde entonces ya estaba proyectado todo lo que iba a suceder con los ferrocarriles. Así que aceptó el ofrecimiento y tan, tan con el ferrocarril. Pero no hay mal que por bien no venga, me dijo mi amigo y compañero, pues había puesto un local de antenas parabólicas y le estaba yendo muy bien, aunque no dejaba de extrañar el ferrocarril.

Y al seguir platicando, me comentó que sí era cierto que cuando el río suena es que agua lleva, pues de todo lo que le dijeron los trajeados resultó cierto, pues en 1987 el entonces presidente Miguel de la Madrid Hurtado da por terminada anticipadamente la concesión de los ferrocarriles en el país para aglutinarlos a todo en una sola línea: Ferrocarriles Nacionales de México, por motivo de haberse cumplido 50 años de la nacionalización por el entonces Presidente de la República el Tata don Lázaro Cárdenas del Río. Y en los años 1990-1991se implementó un retiro voluntario para ir adelgazando la planta laboral ferroviaria; retiro voluntario que a muchos trabajadores perjudicó más que beneficiar, sobre todo a aquellos con poca capacidad administrativa que a los tres meses de haber recibido su liquidación al aceptar el retiro voluntario ya no tenían ni dinero ni trabajo y muy pocas posibilidades de conseguir trabajo en otros lados.

Y ahora ya ni los ferrocarriles pertenecen a la Nación. Tuvieron razón los trajeados que le propusieron a mi compañero y amigo que mejor aceptara retirarse. Sea pues. Vale.