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Octubre, 1980: es asesinado por un tal Dionisio Montes, en el Paseo Esteban Baca Calderón, (La Loma). El criminal nunca fue llamado a cuentas por la justicia. Sus restos mortales fueron sepultados en el panteón Hidalgo, en Tepic.

Estudiante de medicina en la UNAM, portador de mensajes esotéricos en sus típicos carteles, acusado por los vagos de haber sido el asesino de Kennedy (¡tú lo mataste!), respondón del mecate en ristre, acusaba a los irreverentes mortales e hijos del polvo con un discurso a su altura, que nunca fue bajeza. Era el mal llamado Loco Samuel.

A la una en punto, conforme al reloj de nuestra querida catedral, comía, fuera donde fuera, y por ello amarraba su cuaco-bicicleta, para que lo esperara mientras jamaba.

En lo personal me recuerda, en cierta forma, al folclórico personaje de Rubén Romero, Pito Pérez, con o sin secular campana.

Tuve la curiosidad de anotar, cuando pasaba por el estudio fotográfico familiar –cosa ya de costumbre, y saludaba a nuestro padre, El Matador–, lo que llevaba escrito en uno de los citados carteles portátiles: IDEM 59 A3 79 1 17 76 4 ESULTA 07 B11 M G 5 A a G ¿Qué significado tenía esto? Sabe, sólo él lo sabía, y tal vez acaso.

Conmigo nunca fue grosero, pero los estudiantes lo hacían renegar mucho. Decían que había sido domador de cocodrilos, que había saludado al Papa, que fué dentista de Drácula, y el autor del enigmático libro Nicomikón, que etc. Samuel expresaba: Por amnesia y economía, me cansé de la mente.

Acusaba a los periodistas de carecer de ideología y pensamiento filosófico firme. Respecto a sus progenitores, decía que no tenía acta de nacimiento, ya que él era independiente. En lo que atañe a la cifra once de sus carteles, llegó a manifestar que era la onceava sociológica del respeto mutuo entre poderes, grandes o chicos.

Muchas veces dejó colgados con la cuenta a los tertulios que lo aceptaban en su mesa, y siempre pagaban con gusto, regularmente en el negocio aquél de la Avenida México y casi Abasolo –propiedad de Don Ramón Mercado– ‘La Calesa’, antes Xieca (¿Te consta?, me preguntaría el buen amigo Rubén Rivas García).

Pertenece este ínclito, egregio, y carismático personaje a aquella constelación de paradigmáticos seres, como Aniceto Ramírez Cueto Cheto Calzón Cagado; Panchito El Tetón; Tereleto; Chava Medallas, o Conchita Moños, sin olvidar al aún vigente Mochilongo Robles Robledo.

¡Qué tiempos de adolescente!

FINIS TERRAE: Stultorum sunt plena omnia (el mundo está lleno de locos). Cicerón, citado por Erasmo, en su ‘Elogio’, párrafo LXII.