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Pensaba y pensaba

Francisco Javier Nieves Aguilar

07 / Septiembre / 2018

¡El señor se está mojando!, escuché decir a un menor. Los demás voltearon a verme. Noté su asombro. Yo seguí de frente, y un poco más adelante escuché los cuchicheos de otra familia. Pasé de largo y como a los 10 metros sentí su mirada sobre mi espalda. Este tipo debe estar loco, seguro pensaron.

La lluvia golpeaba mi cuerpo, no con la fuerza que hubiese yo deseado, pero después de 15 minutos mi ropa se empapó. El agua que escurría por mi rostro se confundió con mis lágrimas.

De vez en cuando cerraba mis ojos y, volteando hacia arriba pensaba, pensaba y pensaba. Detuve mis pasos bajo un chorro proveniente de una azotea. Me dieron ganas de sentarme, pero me abstuve. Opté por seguir caminando bajo la lluvia.

La noche anterior había sido difícil y el día tampoco pintaba bien. Un cúmulo de emociones adversas se habían apoderado de mi. Quise refugiarme en los brazos de Morfeo, pero fue en cano. Nomás no pude conciliar el sueño.

Pasaba de las tres de la tarde cuando sostuve una breve conversación con mi amigo Jau, vía facebook. Encerrado a cuatro paredes, yo ni siquiera percibía lo que ocurría en el exterior. Fue por su conducto que me enteré que estaba lloviendo.

No esperé más. Me encasqué un short y camisa percudidos. Salí a la calle, ansioso. Lo había estado deseando desde hace tiempo. Ni siquiera tuve tiempo de explicarle a mi familia hacia donde me dirigía. Sorprendidos me siguieron con la mirada. Creo que tampoco tuvieron chance de nada.

De esta manera, me encaminé hacia el sur de la calle Demetrio Vallejo, en la colonia del mismo nombre. Di vuelta a la derecha para enfilarme por la prolongación de la calle Aldama. Caminé varias cuadras mientras sentía el confort de la lluvia golpeando mi cuerpo.

En tanto esto ocurría, mi mente traicionera repasaba pasajes negativos causándome momentos depresivos. Fue entonces que lloré, pero la lluvia enjuagó mis lágrimas. Media hora después emprendí el regreso, más tranquilo.

Ya en casa pensaba como es que estos ciclos nos llevan a permanecer intranquilos con uno mismo. Es precisamente cuando pensamos que la vida no nos ofrece lo que esperamos o necesitamos.

La pregunta es, entonces como romper ese ciclo que termina siempre llevándonos a la insatisfacción y a la depresión?

Hay que comenzar a cambiar estos valores, estas ideas que te encadenan.

Lo primero y más importante es tomar la decisión de Amarnos a nosotros mismos, y por lo tanto a romper con el ciclo que nos mantiene atados. Hay Empecemos por vivir y disfrutar el presente, y a aceptarnos tal cual somos.