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Lágrimas

FRANCISCO JAVIER NIEVES AGUILAR

13 / Noviembre / 2018

Soy muy sentimentalista, lo reconozco. Lloro por esto, por aquello y por lo otro. Lloro cuando veo llorar a otra persona. Lloro por el niño desvalido, por el familiar enfermo, por una escena trágica de una película, por el trama de una novela.

Hace no muchos días visité a una humilde familia que habita casi al pie de los carriles de carreras de caballos, entre las vías del tren y la colonia 08 de Mayo. Fui a entregar algunos artículos que envió mi amigo Marcos Mencías. Aproveché para realizar una video nota y, cuando recogía las impresiones de una pequeñina, ésta empezó a llorar por el regalo que se le estaba entregando. Al notar su emoción se me hizo un nudo en la garganta y también solté algunas lágrimas.

La otra vez me sorprendió un hijo. Lloraba de impotencia. Me han dicho que soy débil. Supongo que sí.

Ayer, mientras conducía de Ixtlán a Ahuacatlán encendí el estéreo para oír algunas canciones grabadas en mi USB. No pude evitar las lágrimas cuando escuché El Perdón –una canción que contiene un profundo mensaje de reflexión, relacionada con nuestro entorno familiar-.

Después siguieron otras canciones, pero mientras me desplazaba por la carretera pensaba en el significado de las lágrimas, esas que humedecen los ojos y que el mundo se empeña en ocultar. Esas que nos tragamos tantas veces por soberbia, por orgullo, por demostrar fortaleza y queda atorada en la garganta, apretada en el corazón, comprimiéndonos todo. Es tan profunda, que no sabemos con certeza de donde nace, ni si podrá morir alguna vez.

A veces una lágrima cicatriza una herida, lava una pena y ablanda. Una lágrima es un recuerdo, una angustia, una desesperación, una interrogante.

Una lágrima puede ser a veces el comienzo del perdón, la primera luz de la rectificación que hace estrechar una mano.

Una lágrima es a veces la gota mágica que hace cambiar por dentro cuando tenemos que pagar nuestra cuota de dolor, la lágrima ayuda. Cuando la derramamos en el corazón querido, o en la intimidad de la amistad, la lágrima une, estrecha, funde.

La lágrima transforma, enseña, disuelve los rencores, las espinas, las malas yerbas que van creciendo en la amistad e impidiendo acercarse, abrazarse, comprenderse. La lágrima descubre. El que ignora tus motivos, no te conoce.