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20 / Diciembre / 2018

FRANCISCO JAVIER NIEVES AGUILAR


Acababa de emplearme como Gerente del Agua Potable en Ahuacatlán -allá por 1981, durante el período de Adalberto Romero Ibáñez- cuando se despertó en mi la curiosidad de tratar de conocer la psicología de las personas, sobre todo de las mayores, pues fueron y son una fuente de enseñanza que me abrieron las ventanas de este mundo maravilloso, de las que, en mis seis décadas de existencia, aprendí y sigo aprendiendo a vivir lo que es una verdadera vida, y que consiste principalmente en no utilizar a mis semejantes como una justificación para alcanzar mis fines.

Por eso, ahora puedo parecer muy anticuado para la época actual, donde el valor del utilitarismo y la ley del mínimo esfuerzo, anima a la juventud de este otro siglo.

Por aquella época conocí a la familia de Jorge Ríos. Don Manuel, el patriarca, era una gran persona, serio, no muy dado a la conversación.

La mamá de Jorge, Doña Consuelo, era a su vez una mujer de mediana estatura, ojos claros, pelo entrecano y tez blanca, con un semblante encantador, sencilla y franca. Desde que la conocí aprecié su humildad y gran corazón.

Sucedió que en una ocasión me ocupó para que le escribiera una carta a máquina, eran cartas para sus familiares que vivían en algún pueblo de Amatlán de Cañas. Me escogió para algo tan privado porque no le gustaba que le cambiaran el contenido de sus cartas, pues quería que se las escribiera tal y como ella las dictaba.

La de aquella ocasión era para su hermano y decía más o menos así: querido hermano, espero que se encuentren bien, que nosotros estamos bien gracias a Dios

Me decías en tu anterior carta que la puerca de tu mujer ya tuvo puerquitos. Qué bueno; aliméntalos bien, para si un día no lejano me llevan mis hijos entonces mandas matar un puerco con Panchito, el matancero del pueblo que hace buenas carnitas y chicharrones, y así nos lo comemos juntos toda la familia. Me saludas a mi compadre Andrés y a todos los que por allí veas o te encuentres y que sean mis conocidos o amigos. Adiós y cuídate mucho, espero tu contestación, tu hermana que te quiere mucho: Consuelo.

Por su contenido, nos podemos dar cuenta de su sencillez de mujer pueblerina, pero de un trato noble y ejemplar.

La hermana de Don Manuel al parecer se llamaba Martina; y era ya una mujer madura -cotorra pues- pero muy sociable. Muchas damas cultivaron su amistad, pues su carácter era muy franco y abierto, sincero y sin hipocresías. Cuando algo no le cuadraba lo decía sin tapujos.

Como pueden ver, puede ser interesante y dejar agradables enseñanzas el estudio y el trato con los seres humanos; ¿No creen?