Por: Olegario Zamudio Quezada

Definitivamente que el deceso de los hombres de Acaponeta, conmocionó a muchos de los nayaritas, a unos por saber de ellos, otros por haberlos tratado, otros más por haberlos leído, pero el factor más preponderante en la condición humana, es el haber tenido el gusto de tratarlos como amigo a alguno de los dos.

En la prensa local y nacional resaltaron sus atributos, debo aclarar que son tan bastos sus logros, que muchos de esos reconocimientos se escapan del conocimiento social ordinario, pues estos muchachos Gamboa y Chumacero, eran campeones en su devenir y se sacaban diez en recreo.

Pero mira lo que son las cosas, estos alborotadores de letras, con su deceso han creado una anarquía en los medios electrónicos y escritos, de tal manera que se pueden llenar carretonadas de letras, donde se habla anunciando con sentimiento y pena la partida de estos dos grandes hombres.

Quizás, como a muchos hombres que fueron notables, en algún lugar de la gloria terrenal y el reconocimiento, les harán un homenaje por su trayectoria tan referida, uno por lo de poeta y el otro por lo de escritor, pero sobre todo por ese ingrediente tan especial de que estaban compuesta su naturaleza.

En relación a lo anterior, la paisana Presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Consuelo Sáizar, informó que este domingo a mediodía se rendirá un homenaje de cuerpo presente al poeta Chumacero en el Palacio de Bellas Artes, mientras que la notificación aquí en Tepic, respecto de Gamboa, es que se le realizara un homenaje en la casa de la cultura de Acaponeta.

Ahí están los legados, para estas generaciones y también para las futuras, pero ahí está el ejemplo también, con más peso que el inventario de libros escritos, me refiero a lo que se puede ser y hacer en la vida, para alcanzar la realización, pero me refiero a toda la dicha y la felicidad que da el deber cumplido.

A Gamboa lo conocí en la Ciudad de México, pues en los tiempos de Rigoberto Ochoa era representante de los nayaritas en el DF, al poeta Alí Chumacero lo conocí hace poco aquí en Tepic, un día que le hicieron un sentido homenaje en la Hidalgo y México de esta Ciudad.

Ahorita, durante esta redacción, rememoro el dialogo del Zorro y el Principito, cuando este último fue a visitar a las rosas y les dijo al verlas: No sois en absoluto parecidas a mi rosa: no sois nada aún —les dijo—. Nadie os ha domesticado y no habéis domesticado a nadie. Sois como era mi zorro. No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.

Ahora en Acaponeta y con un sol que mordía lo despedimos en el panteón municipal, creo que no estaba muerto ni lo estábamos enterrando, más bien creo que lo estábamos sembrando y florecerá.

Por todo ello, afirmo categóricamente, que la diferencia entre el poeta Chumacero y el escritor Héctor Gamboa es abismal, Alí era tan solo un poeta semejante a cien mil otros, Héctor escritor, es cierto, pero el ingrediente que hace la diferencia entre uno y el otro, es que Héctor Gamboa era mi amigo.