Por Óscar Verdín Camacho

(Información y fotos)


El miedo es profundo entre muchos habitantes de Tepic.

En el auto lavado Gamboa, donde habitualmente corre agua, quedaron hilos y grandes natas de sangre de 15 hombres acribillados minutos antes de las 10 de la mañana de este miércoles.

En breve tiempo, el olor de esa sangre se percibe, quedando impregnado el olor espeso. Entre esos charcos rojos encontrados en el suelo, quedaron varias cachuchas, un casco de motociclista, trapos, franelas.

Aunque el auto lavado tiene un frente amplio hacia la avenida Rey Nayar, a las víctimas no las dejaron salir: la sangre está en un extremo como en el otro, o en una pequeña bodega y en una sala donde hay butacas para los clientes que llevan sus carros a lavar. Hay vidrios quebrados.

La pared del auto lavado muestra impactos de bala, gruesos todos ellos, producto de las ráfagas, por fuera y también adentro. Los casquillos se recogen por decenas.

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En camino hacia el centro de la ejecución, camino entre la colonia Casas del Molino. Encuentro muchos niños llorando de la mano de sus mamás, de sus papás, de sus hermanos. Son los niños de una primaria y de un jardín de niños ubicados a espaldas de donde ocurrió la matanza.

Hay padres de familia que llegan a la escuela corriendo, desesperados por recoger a sus hijos.

Veo llegar varias camionetas con soldados y con marinos. Unos se quedan, otros se alejan a velocidad. Un helicóptero en color rojo sobrevuela en la zona.

- ¿Los mataron a todos?, ¿por qué a todos?, pregunta un policía a otro, a su lado-.

La mayoría de los agentes se cubren el rostro con pasamontañas, ante el temor de ser identificados a través de los medios de comunicación, o fotografiados por mucha gente que está ahí, expectante de cualquier movimiento.

Adultos y niños buscan estar adelante, junto al listón amarillo que pone un límite de acercamiento.

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Son necesarios dos vehículos cerrados del Servicio Médico Forense (SEMEFO) para trasladar los cuerpos. El primero de ellos, cuando se aleja, va dejando un marcado hilo de sangre a través de las calles de la colonia Lázaro Cárdenas.

A las 10:40 horas, varios policías se llevan a un hombre, cubierta la cabeza con su camisa.

Tras la línea marcada por la policía, dos mujeres jóvenes lloran. Otra más llora, abrazada por un hombre, pero se alejan cuando son grabadas por un reportero de televisión.

Édgar Veytia, secretario de Seguridad Pública Municipal, se concreta a decir que la investigación corre a cargo de la Procuraduría General de Justicia del Gobierno del Estado.

Los elementos del Ejército se retiran a las 11:22 de la mañana. También la mayoría de los policías, peritos y agentes del Ministerio Público.

En breve, el lugar de la ejecución se convierte, literalmente, en un mercado: decenas de gentes ingresan al auto lavado para ver, grabar y fotografiar cuanto encuentran a su paso. Nadie se los impide.

Sin cuidado alguno, pisan en todos lados, incluso la sangre.

Habrán transcurrido unos tres minutos cuando finalmente, los policías dejados en guardia corrigen su actuar y exigen la salida de los curiosos. A un muchacho le gritan, lo empujan. Después, fue colocada una doble cinta amarilla, para que nadie entre. Ya para qué.

Dos grúas retiran igual número de vehículos que quedaron en el lugar.

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La matanza es el tema en todos lados. Cala. Se nota la frustración de muchos. El miedo, la impotencia, el coraje.

El Gobierno del Estado convoca a conferencia de prensa a las una de la tarde y da inicio 37 minutos después. El secretario General de Gobierno dice que la matanza hiere e indigna a todos los nayaritas, que ya no queremos más violencia.

Fernando Carvajal Cazola, secretario de Seguridad Pública Estatal, desmenuza: los agresores llegaron al auto lavado en tres vehículos: una Suburban roja, una Cherokee verde y otra gris. Una vez concretada la múltiple ejecución, los matones huyeron en dirección al libramiento. Dice que la policía encontró casquillos del tipo de metralletas cuerno de chivo. No habla de detenidos.

Carvajal señala que 11 de los muertos eran hombres de una casa que estaban en un albergue, en rehabilitación para adictos; otros dos cuerpos corresponden a empleados administrativos del auto lavado, y los otros de un joven motociclista –que al parecer llevó comida previamente solicitada- y de otro hombre que, señaló el funcionario, quedó junto a un puesto de frutas.

Igualmente, Fernando Carvajal refiere que tres personas resultaron heridas de bala, una de ellas un funcionario de la Procuraduría General de Justicia.

Carvajal pide no revelar sus nombres. Dice que habrá más presencia de policías, de soldados en las calles, y que hay una vigilancia especial en los centros de atención a adictos, para prevenir otra masacre.

Le preguntan por el posible móvil y responde que quizás cuestiones de narcotráfico. Incluso, el suceso, agrega, podría tener relación con el asesinato de otro joven, ocurrida ayer también en la Rey Nayar.

Le preguntan por qué la policía siempre llega tarde y señala que él, ahora, llegó primero, junto a unos periodistas, y añade contra el reportero que le preguntó: yo lo invitaría a los operativos, para que vaya.

Una reportera pregunta una, dos, tres y más veces: ¿y el gobernador qué, dónde está, qué pasa con él?.

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La matanza ocurrió por la avenida Rey Nayar a unos 150 metros del acceso a las instalaciones de la feria, muy cerca también de un destacamento de la Policía Federal y de la delegación de la Secretaría de Gobernación.