Por: José Ma. Narváez Ramírez.

Desde aquel chusco e inverosímil invento del chupacabras que por burdo y fantasioso no podía caber en la cabeza de los menos tarugos, pues llegó a tener un rango de credibilidad tan alto que hubo gente que juraba y perjuraba que lo había visto en carne y hueso devorando a sus víctimas y asustando cristianos por todas partes. (Como eso que afirma el Cardenal de que el Chapo Guzmán aparece en varios lugares a la vez).

Con todo respeto para la gente religiosa, pudo ser que el clérigo afirmara lo anterior en sentido figurado para hacer notar que hay varios chapos por donde quiera, máxime que aquí en México dicen que los chaparros abundan pero es tal la propagación del crimen organizado por todo el país, que ya vemos al capo Guzmán hasta en la sopa y no ha salido ningún valiente que le haga frente, sino todo lo contrario.

El asunto es que sigue siendo Ciudad Juárez una de las ciudades de la frontera donde los sicarios diariamente cobran más víctimas de ambos lados: de los que se andan correteando y de los que se atraviesan en el camino de las balas siendo explicable que las policías de nuestra tierra ni el polvo les vean porque lo más probable es que se los cargue la huesuda o los dejen para vendedores (de los de antes) de billetes de la lotería.

La pregunta es: ¿hasta donde van a llegar estos criminales o hasta cuando saldrá de entre las fuerzas armadas o la policía una especie de Rambo que logre frenarlos? En el entendido de que este Rambo podría ser un cuerpo especializado en detectar, ubicar, encontrar, aprehender y castigar a estos malandrines de las bolsas llenas de billetes con los que compran impunidad y silencios. ¿Sería muy costoso el precio que se tendría que pagar por este cuerpo especializado o ya no se puede ni pensar en que se pudiera lograr integrarlo, por el exceso de corrupción que existe en todo el país? ¿No hay personas inteligentes en estos cuerpos?

¿Qué hacen nuestros políticos (tan excelentemente pagado) por los pobres mexicanos que viven diariamente atemorizados por las cruentas balaceras que acontecen casi en las propias narices de las oficinas de acuartelamiento de las policías?

El Presidente Calderón no pensó en hasta dónde llegaría el crimen organizado en sus enfrentamientos, causando una mal llamada guerra en donde las fuerzas armadas a pesar de sus esfuerzos están quedando mal paradas, porque aquellos en lugar de cejar en sus combates, siguen adelante si importarles las bajas (¿o las altas –en número de vístimas-?) que causan, aumentando en armamento y en la cantidad de integrantes en lugar de declararse en merma. Y en realidad el mal parado es –con todo respeto- nuestro Presidente de la República Mexicana.

Pero tal parece que el pésimo ejemplo del chupacabras sigue siendo la excelente excusa para entretener al pueblo, ahora reflejado en campeonatos de béisbol, futbol, box, atletismo y otros deportes, aunados a los programas televisivos (novelas, concursos, series de películas viejas y nuevas, anuncios que incitan al consumo de alcohol y premios estúpidos, -programas cuajados de pornografía- y etc., etc.), que nos mantienen atentos a los resultados, permitiendo que las batallas que libran los sicarios entre ellos mismos y algunas veces las policías, continúen matando gentes sin césar. Y tal parece que apenas empiezan.

Urge de una buena vez el Control señores Control que se le ha ido de las manos al primer mandatario y debe de encontrar el camino más idóneo para lograr servir a su pueblo con la seguridad que se merece porque además los está manteniendo y a cuerpo de rey no es justo que le paguen con situaciones de terror constante y con el derramamiento de su propia sangre.