Por Miguel Ángel Casillas Barajas
Don Eleazar es un hombre de 76 años, que vive en esta ciudad y que nos relata una anécdota interesante en donde el sintió (así nos lo mencionó) todo el poder del divino.
Nos dice que el acostumbraba por las mañanas hacer una revisión de sus pertenecías personales mas entrañables que guarda como un tesoro sagrado dentro de un baúl de madera y a un costado de la puerta de ese baúl tenía escrita por su puño y letra y pegada con cinta adhesiva una oración que acostumbraba rezar todos los días al levantarse.
Para esto –nos cuenta- el acostumbra redactar de su propio intelecto todas las oraciones en un papel manila, debido a que en otro tipo de papel se pudieran haber confundido con otros documentos que guardaba como ya le había sucedido en ocasiones anteriores. Por esa razón, Don Eleazar había tomado esas precauciones inherentes para evitarse confusiones.
Fue hace algunos días, en que un familiar de Don Eleazar tratando de ser acomedido y se puso a realizar la limpieza de su pequeño baúl, y al terminar, por error dejó en la parte superior de afuera la oración que se había despegado de la madera, y que el mismo pretendía pegar nuevamente en el mismo instante, desafortunadamente tuvo que salir de emergencia y se olvido de ella. Ese mismo día la sirvienta hizo el aseo de rutina, y al ver la hoja no le tomó la debida atención, y menos por ser papel manila y nunca se percató que este contenía escrita la oración de Don Eleazar y sin más, la envió al bote de la basura.
Al día siguiente el señor hizo su rutina acostumbrada al levantarse y después del aseo personal se dirigió al baúl para leer su oración en su momento de recogimiento acostumbrado, pero tal fue su sorpresa que no la encontró pegada en donde debía estar, casi colérico llamó a todos para preguntarles sobre su oración, se fue preguntando de uno por uno a toda la familia hasta que llegó con la sirvienta, que le comunicó la fatal noticia de que la había tirado a la basura.
Sin pérdida de tiempo el señor jaló de un brazo a un nieto y le solicitó su apoyo para que lo llevara de inmediato al basurero de la ciudad con la intención de buscarla y pese a que la familia se opuso determinantemente debido a su avanzada edad y a los riesgos de aspirar un ambiente viciado que podía hacerle contraer alguna enfermedad o bien caerse y romperse algún hueso, Don Eleazar no hizo caso de recomendaciones y partió sin mas preámbulos rumbo al basurero municipal para hurgar entre toneladas de basura hasta encontrar la bendita oración; así le llevara la vida, él estaba seguro de que la encontraría. Viendo tal determinación del hombre reflejada en su rostro, la familia no tuvo mas remedio que solidarizarse y todos partieron detrás de él rumbo al basurero municipal en esa aventura de buscar afanosamente la citada hoja de papel manila.
Después de hurgar por horas soportando los fétidos olores y un sol implacable, ya agotados, le pedían encarecidamente a Don Eleazar que se desistiera y que ellos le conseguirían de ser posible con algún padre de la iglesia católica una nueva oración para que se reconfortara; sin embargo Don Eleazar seguía buscando en silencio levantando trastos sucios de aquí y de allá.
De improviso, detuvo su búsqueda y se puso a observar a lo lejos la inmensidad del enorme monstruo que albergaba toneladas y toneladas de desechos amontonados por aquí y por allá. A lo lejos, en lo más profundo e intrincado del basurero observó una colita de papel amarillo que salía de un montón de basura y sin saber siquiera si era lo que buscaba gritó entusiasmado: ¡vengan, vengan la encontré! Al instante corrieron hacia él sus familiares y uno de ellos se lanzó directo hasta abajo por el papel que salía de entre la basura, y efectivamente era su oración que guardaba con tanto esmero como un gran tesoro, la recogieron y la mayor parte de la oración estaba tapada por el lodo, solo las últimas frases estaban visibles y decían ..y por favor señor no me hagas sentir un inútil, dame la claridad mental para que en mi vejez, no me olvide de que las cosas que parecen ser sencillas e insignificantes para todos nosotros, pudieran ser las mas importantes y relevantes para ti.
Una bella anécdota.
Servido Don Eleazar y gracias por su confianza.