A veces con fuertes apretones y jaloneos como si fuera un pleito, otras como si la golpearan a cachetadas, y unas más con suaves palmadas, poco a poco van moldeando la masa de harina.

Todas las tardes de lunes a sábado, en la finca de Mutualismo 68 de la colonia Mololoa, coinciden el señor Manuel Aldaco González y sus hijos Manuel, Abraham y Orlando para hacer más de mil piezas de pan dulce y otro tanto similar de bolillos, continuando así la tradición de la panadería La Victoria, creada hace 55 años por Pedro Aldaco Salazar, papá de don Manuel.

Precisamente a sus 92 años de edad, Manuel Aldaco no sólo no ha dejado de hacer pan, sino que trabaja a la par de sus hijos. Entero el hombre, dice: esto lo tomo como un deporte, no como un trabajo.

En la panadería La Victoria no hay moldes y las figuras del pan se hacen rápido, todas con las manos. Como que ya le agarramos práctica, bromea a su vez Abraham.

El hecho de que el batido de la masa con manteca vegetal, con huevo, azúcar y otros ingredientes, casi en su totalidad se realice a mano, y muy poca en batidora, continúa manteniendo un pan con el sabor tradicional.

Nosotros no hacemos pan inflado, sin sabor, grandote, como el industrializado. Nomás lo inflan de tanta vuelta en las máquinas. Aquí, un 90 por ciento del proceso es a mano, precisa Abraham Aldaco Vázquez.

EL TIEMPO ES ORO

A partir de las dos de la tarde, los tres hermanos arriban a la panadería, junto a la cual vive su papá.

Afuera, en la pared no hay más letrero que panadería.

En un cuarto grande, de unos cinco metros de ancho por 15 de largo, al fondo del cual está el horno, todos tienen una tarea específica que hacer. El centro de trabajo es una mesa sobre la cual se realizan todas las mezclas y, finalizada cada una de ellas, es limpiada porque inmediatamente se inicia otra y otra nueva mezcla para convertirla en masa y luego en las figuras del pan dulce.

En repetidas ocasiones, la mesa es bañada con polvo de harina que luego es retirada. Así la mantienen más limpia.

Una báscula tiene vital importancia. Con rapidez son pesadas las porciones necesarias de cada ingrediente.

En este lugar resulta imposible sostener una plática: puesto el mandil, cada cual está en lo suyo, saben lo que hay qué hacer y en qué momento, cuál masa sigue, cuál pan, y el tiempo no perdona porque apenas oscurece y la gente acude, por cientos, a comprar el pan y el bolillo ahora si que calientitos, recién salidos del horno.

En La Victoria no se hace entrega de pan a domicilio, a las tiendas. Hay que ir por él.

Cuando alguno de los Aldaco se da unos segundos de descanso –un minuto, imposible-, lo hace para beber un trago de refresco. De rato en rato contestan alguna pregunta de este reportero pero no se les puede distraer de su tarea. Para ellos, ahora si que el tiempo es oro.

Se escucha la música de radio, aunque bajo el volumen.

De acuerdo con Abraham, hay familias que han sido sus clientes durante muchos años, distintas generaciones que se ya se mudaron a otros barrios de Tepic y que, sin embargo, continúan cruzando la ciudad todas las tardes para ir por el pan. O bien lo recogen al salir del trabajo.

JUNTO A TALPITA

Poco después de las tres de la tarde del viernes 5, con una larga y delgada pala fue ingresada al horno la primera tanda de pan, en charolas rectangulares.

El horno aún no es encendido pero, se explica, bastará el calor del día anterior.

En pocos minutos, en dos anaqueles van acomodándose más y más charolas con pan, que poco después tendrá su turno en el horno.

Todo a mano, estirando la harina para aquí y para allá, Abraham Aldaco da figura a los chongos en cuestión de segundos.

Don Manuel y sus otros dos hijos hacen su parte, cada quien dando forma a las piezas. El pan plano, en apariencia es más sencillo de realizar. Manuel, el hijo, primero forma grandes círculos con la masa, una especie de tortillas gigantes que luego son colocadas, con la ayuda de Abraham, en charolas, para después darles el corte con cuchillo.

Aunque ya suma 92 años de edad, don Manuel Aldaco no piensa en el retiro, al contrario, lo anima el mantenerse activo y con una movilidad impresionante, sobre todo en las manos.

El año pasado, durante una caída se lesionó una de las piernas, pero pudo recuperarse.

Dice que hacer pan durante tantos años no es un trabajo para él, esto lo tomo como un deporte, no me preocupo mucho.

Explica que hace poco tiempo estuvieron en su panadería varias personas de otros países, algunas de Europa, que visitaron el estado y observaron el proceso para hacer pan, de cuyo sabor se dijeron encantados.

Aunque la panadería está registrada oficialmente con el nombre de La Victoria, en el barrio de la Mololoa los vecinos la conocen como Aldaco y no hay quien no sepa dónde está, por cierto a escasos 40 metros de la iglesia Talpita.

Unos minutos después de las cuatro de la tarde, la primera tanda de pan sale del horno, que inmediatamente después es encendido porque iniciará, ahora si, el ingreso de todas las charolas.

Don Manuel Aldaco González invita a probar una pieza y ofrece otra para el camino. El sabor es excelente, el pan calientito.

Por ello, quien pase por la colonia Mololoa durante la tarde-noche, tendrá un buen pretexto para detenerse en Mutualismo número 68, casi esquina con 24 de Febrero. A unos metros de la iglesia Talpita.