Por: José Ma. Narváez Ramírez.
Como dice el Gobernador Ney González Sánchez, respecto a los enfrentamientos que se suscitan en la ciudad capital –principalmente-, que nada justifica la muerte de civiles inocentes y que esta es una guerra que nos fue traída de otros lugares sin pedirla, pero que nos involucra a todos al utilizar como escenario nuestra tierra, por lo tanto, debemos combatirla.
Así que se sobreentiende que tenemos que defender, por sobre todas las cosas, la integridad física y emocional de nuestra gente porque los asesinatos perpetrados por sujetos sin escrúpulos que mantienen en jaque a la sociedad y que de ninguna manera ésta, tiene que seguir inerme ante la ola de violencia que para el colmo de los males, es aprovechada por individuos que demuestran tener muy poca madre en apoyarse en esta indefensión, para hacer labor de sacrificio politiquero que sí es cierto, arrenjuntan miles de acarreados pero que éstos llevan entre otras promesas campañeras, la somera esperanza de encontrar una respuesta a sus necesidades de defensa ante una guerra de un solo lado que se lleva a efecto en los asentamientos humanos, perjudicándolos grandemente, porque al llevarse a cabo las vendettas o ajustes de cuentas dentro de la ciudad, ponen en peligro a personas inocentes acabando sin ninguna justificación, con sus vidas, mientras que aquellos que andan tras el voto, fácilmente critican a los que están implementando medidas de combate –hasta ahora inútiles- al enemigo de toda la sociedad, no únicamente de los que están en el poder.
Estas acciones no deben quedar prácticamente impunes, y si los operativos que aplica el gobierno (estatal y federal) para tratar de controlarla –que no abatirla- fracasan, será la propia comunidad la que entre al quite para, cuando menos, tratar de controlarla.
Esto se lograría en parte con la definitiva estrategia de minimizar los horarios de asistencia a los lugares donde se provee de droga a los llamados consumidores, e integrar un reordenamiento policíaco de estricto cumplimiento que no permita la distribución de estupefacientes en los principales lugares donde los del crimen organizado hacen de las suyas; sin dejar de investigar quiénes son las personas que los explotan, utilizando la corrupción de las autoridades coludidas, para ejercer un negocio a todas luces ilícito y asaz perjudicial a la sociedad responsable.
Aunque no es el remedio acudir a los mítines politiqueros, (que no están en tiempo ni en forma), para escuchar protestas y acusaciones perversas contra nuestros gobernantes –que para bien o para mal, elegimos por mayoría para administrar y aplicar los dineros y la justicia en forma honesta y cabal-, así que debemos defenestrar a los que no sirven y que nos perjudican, porque tenemos el derecho de hacerlo y nada ni nadie nos lo puede impedir, si está de por medio salvaguardar la integridad de nuestra sociedad. Esta es el arma que tenemos que esgrimir como lanza y escudo para salir adelante: alejarlos de los antros de vicio (especialmente a nuestros jóvenes y adultos), que tienen que comprender que no solamente se hacen daño a sí mismos, perjudicando gravemente a la familia, ya que con sus irreflexivas acciones se ponen en peligro ellos y a los demás, por lo que debemos ayudarlos a que no consuman las nefastas drogas llamadas legales e ilegales y hacerlos entender que consumiendo alcohol y enervantes fomentan el proxenetismo, la prostitución, el vicio y el nefasto negocio de la droga.
Igualmente reglamentar el uso indebido de la propagación de la mal llamada música a través de las radiodifusoras y programas de televisión donde se abusa de los espacios propagando las rolas en forma comercial, (que por debajo del agua fomenta el consumo de drogas) acabando con el buen gusto de los consumidores de las verdaderas melodías. Se dan casos de trasmisoras en las que mandan al aire canciones en idiomas extranjeros y rara vez dan a conocer la música inolvidable mexicana, que se destaca por su calidad y belleza. Aunque a estas alturas ya han distorsionado tanto el oído musical de muchos de nuestros jóvenes que prefieren las estridencias del rock pesado (por ejemplo) a la cadencia del bolero. Si no hacen ruido ensordecedor, no es música, -dicen-.
Por otra parte, tenemos que admitir que existen funcionarios corruptos que viven inmersos en el robo, el vicio, la prostitución y el derroche, así como funcionarios (más escasos) que se conducen con cierto decoro cumpliendo con las demandas de nuestro pueblo. Pero que no tienen la capacidad necesaria para combatir al vicio organizado Se les ha ido de la mano o se lo han incrustado de grado o por fuerza.
Control señores Control es lo que les falta para hacer de nuestra sociedad un núcleo que debería ser ejemplar y que por razones de negocios turbios y corrupción, se está convirtiendo en un cáncer maligno que le ocasiona hambre y miseria, destrucción y muerte. (recistyalineas@hotmail.com Teléfono celular: 311-158-66-55).