Por Óscar Verdín Camacho
El reconocimiento que el Congreso del Estado hizo a decenas de ancianos, la mayoría de más de 90 años de edad, mostró ayer una realidad entre las distintas épocas: la puntualidad de antes y la impuntualidad de ahora.
Y es que el evento, en el patio central del Congreso del Estado, fue programado a las 11 de la mañana pero inició 25 minutos después, situación que se ha convertido en rutina para numerosos funcionarios públicos: llegar tarde, aunque quienes estén esperando sean ancianos.
Otro dato: los hombres y mujeres de edad avanzada no sólo eran de Tepic, sino que muchos fueron traídos de otros municipios y aún así, madrugadores como siempre, estuvieron puntuales a la cita, pero no la mayoría de los legisladores, con excepción de Luis Alberto Salinas Cruz.
El patio central resultó insuficiente para dar cabida a los visitantes, y es que cada anciano era acompañado por varios familiares.
Más: uno de los oradores se extendió tanto en una conferencia sobre la Revolución que de plano le tuvieron que decir que cortara, pues ya era un martirio tener a los ancianos en una silla, en la misma posición durante una hora.
A los ancianos se les dio chocolate y pan. Se llevó a un grupo musical que tocó canciones de aquellos años: la Marcha de Zacatecas, Carabina 30-30, entre otras.
Los nombres de cada uno de ellos fueron referidos por el micrófono. Cada uno se ganó un aplauso y un reconocimiento.
Ahí estaban los sombreros ya de muchos años en el campo, las mantellinas negras, las diademas, los huaraches de correa, los gorros por el frío, la andadera, el bordón, la silla de ruedas.
Vinieron y se les reconoció.
Felicidades.
Se merecían un mejor evento.