Por Óscar Verdín Camacho
XERK presenta su programa La Hora de los Mercados, dedicado a los comerciantes de Tepic y sus familias.
Con voz gruesa, inconfundible, Miguel Soto Cebreros así presenta su programa de radio, todas las mañanas de cinco a siete.
A lo largo de su amplia trayectoria como locutor, explica, siempre ha trabajado a temprana hora y nunca he necesitado de un despertador. Aunque vaya a una fiesta y me desvele, aunque esté haciendo mucho frío, estoy despierto antes de las cinco de la mañana para irme a la radio. Casi nunca falto al trabajo.
La Hora de Los Mercados es escuchada de cinco a siete de la mañana.
Miguel Soto Cebreros es toda una institución en la radio. Un trabajador incansable al que le gusta platicar mucho y por eso, dice, casi todos los días visita a sus incontables amigos, precisamente en los mercados Juan Escutia, Morelos y Mercado de Abastos.
Diario camino mucho, pienso que por eso me conservo más o menos bien. En las mañanas no me gusta estar en la casa, me salgo a caminar, a platicar con la gente y regreso cuando me empieza a dar hambre. Hay gente que tiene una hora para comer y yo no. Yo como cuando tengo hambre. Peso 72 kilos y así me he mantenido.
A LOS 16 SUS INICIOS
De 72 años de edad, Soto Cebreros nació en Choix, Sinaloa. Cuenta con una voz grave, fuerte, sonora, única. Su frente es amplia, la ceja poblada.
Indica a este reportero que cuando tenía unos siete años su familia se mudó a Ciudad Obregón y en su juventud trabajó en la pizca de algodón, pero en los ratos libres solía ir a la radio, a la XEOX, donde empezó a practicar frente al micrófono.
Apenas tenía 16 años y aprendió a radiar partidos de béisbol y peleas de box. Ahí trabajaba Otilio Dejibes Robles, una de las mejores voces de México, que me enseñó mucho.
Corría el año 1952 cuando Soto Cebreros llegó a una radio de Tecuala, animado precisamente por Otilio. Trabajaba cinco horas diarias y ganaba 15 pesos, aparte la comida. Pero apenas se quedó unos meses en Tecuala, porque de ahí se movió a Tuxpan y más tarde a Tepic.
Aquí llegué un siete de septiembre de 1959 y me quedé para siempre. Trabajé un tiempo como ‘descansero’, cubriendo las ausencias de otros, hasta que tuve la base. A Choix hace muchos años que no va.
Siempre ligado al micrófono en cabina, el veterano comunicador considera que lo mejor de la radio es la música, entrevistar artistas, conocerlos, saber de su vida.
Cuenta que llegó a entrevistar a Chabelo, Lola Beltrán, Ángel Infante, Amalia Mendoza, entre otros personajes.
Además de locutor, Soto Cebreros ha sido reportero de notas deportivas. Durante mucho tiempo escribió las columnas Cuetazos y Movimiento Deportivo, que publicaba en varios periódicos, pero hace unos años dejó de hacerlo.
Aunque tiene la intención de seguir trabajando cuando menos hasta los 80 años, dice que su esposa Rosalina González le ha pedido que se jubile. Esa situación, si se materializa, le genera inquietud. Qué haría, se pregunta, si toda la vida ha tenido una actividad sin parar, un siempre madrugar para ir a la radio, su segunda casa.
Pone como ejemplo a la que para él es la mejor voz de México, la del nayarita Melquiades Sánchez Orozco, la voz oficial en el estadio Azteca. Melquiades debe tener como 86 años y sigue trabajando. No nos conocemos personalmente, lo quiero conocer y sé que él a mi también.
DE NOCHE, TRÍOS
Pero si durante la mañana cuenta con el programa La Hora de los Mercados, con música ranchera, de siete a nueve de la noche permanece en la XERK con otro programa, ahora con música de tríos.
Debo tener más de mil discos de música de tríos de México. Los he ido juntando en muchos años. Es música muy bonita.
El viernes 12, tras una primera plática durante el mediodía, por la noche se le visita en una cabina de radio.
Los tríos románticosépocas traen épocas, se le escucha decir cuando inicia la canción Viajera.
Soto Cebreros está pendiente de un listado donde aparecen los nombres de las canciones, así como de una consola y una computadora.
Mientras la música se escucha, él habla de uno y otro tema.
Dice que durante casi 30 años fue defensa lateral derecho del equipo Alameda y, acepta que, aunque tenía mala técnica con el balón, nunca hubo un extremo izquierdo que lo desbordara. Marcaba bien, tenía condición, cabeceaba, a mí nunca me pasó un extremo izquierdo. Si una vez oyes que alguien dice que me burló, me avisas para yo decirle que está mintiendo.
Con una memoria privilegiada, pregunta por paisanos de este reportero, de Puga, que fueron sus contemporáneos en el futbol. ¿Oye, y El Trompo?, ¿y Murillo?, ¿ahí siguen?.
La plática sólo es interrumpida cuando está por finalizar una canción y siguen los anuncios publicitarios, o cuando inicia una nueva melodía.
Apenas escucha las primeras letras de Noches de Mazatlán, Miguel Soto Cebreros señala que cada que oye la canción quisiera estar en ese puerto.
Me gusta la gente que platica y en Mazatlán así son. Me gusta la gente abierta. Las olas. Yo pienso que cualquiera que oye esta música, le deben dar ganas de tomar aunque sea un trago.
Hablar de tríos, de música vieja le agrada a Soto Cebreros. Pero el encanto se rompe cuando por alguna razón entra una llamada a la cabina, alguien que busca a un locutor que no está trabajando. Soto le da explicaciones y cuelga. El otro vuelve a llamar e insiste saber cuándo podría encontrar al locutor. Soto empieza a desesperarse. Le da un número de teléfono y cuelga, pero le faltaron dos dígitos y el desconocido nuevamente marca. La desesperación es notable en don Miguel. El otro finalmente desiste.
Total, como lo dijera él mismo, la vida va cambiando el estado de ánimo de las personas.
Pero la calma regresa a la cabina y la música suave de los tríos. Por supuesto, en la noche del viernes no pudo faltar Prenda del Alma, la favorita de don Miguel.