Por Miguel Ángel Casillas Barajas
Muchas veces me he cuestionado sobre los retos que me he propuesto en la vida. Algunos de ellos descabellados e insólitos, tal vez, (me justifico) se lo deba todo a mis dos estupideces que nacieron junto conmigo y que como perritos falderos siempre me han acompañado a todos lados. Estas dos inquietas amigas mías son las causantes de meterme en problemas, así simplemente de a gratis. Recuerdo aquella ocasión en que acababa de tomar protesta como Presidente de la Asociación de Técnicos en Electrónica del estado de Nayarit , en mi discurso de toma de protesta, prometía a los 350 técnicos que estaban presentes y que provenían de diversas partes del estado, a que juntos organizaríamos el primer Congreso Nacional de Técnicos en Electrónica aquí en el estado de Nayarit, pero no conforme con esa propuesta un tanto irreal para muchos, agregué otra mas insólita en mi discurso: y por primera vez en la historia de Nayarit invitaremos a todas las marcas fabricantes de aparatos electrónicos, e incluso, a los mismos padres de la tecnología: Los japoneses, para que vengan a Nayarit a exponernos lo avances mas recientes de la electrónica de consumo
Después de mi acalorado discurso de toma de protesta ante el gobernador Emilio M. González, noté un silencio casi sepulcral entre mis compañeros técnicos que se veían unos a otros, tal parecía que el evento hubiera sido en el panteón Hidalgo ante fiambres, y no en ese hermoso hotel que esta contra esquina de la catedral de Tepic, total, que mis colegas hacían comentarios a mi paso en secreto y me veían de arriba abajo, como si yo no fuera el presidente de su gremio de técnicos, sino, un acelerado paciente de algún hospital psiquiátrico que se había fugado y que en un arranque de esquizofrenia, estando en pleno delirium tremens había comprometido con su discurso la honorabilidad e imagen de los técnicos en electrónica, y lo peor, ante el mismísimo gobernador del estado. Y eso aún a sabiendas de que la asociación nuestra, era una organización como muchas otras que conocemos por racimos, sin recursos, con una gran membrecía de socios disque muy activos y entusiastas, pero renuentes a ponerse al corriente con sus cuotas. Así que realizar un Congreso Nacional estaba fuera de toda lógica posible, que para cualquier otro ser humano en pleno goce de todas sus facultades mentales, jamás se le hubiera ocurrido abrir su enorme bocota y menos para comprometerse delante de la máxima autoridad del estado. Eso ya era el colmo y casi, casi, un verdadero suicidio. ¡Vaya pues!, para ser más especifico en el comentario, no había por donde, ni como hacer ese congreso nacional. Y era una total estupidez del tamaño del sol, y luego ¿tratar de sacar a los fríos y orgullosos japoneses de sus guaridas? (perdón, laboratorios) ¡por favor! Ese si ya era como el colmo del sueño fantasioso de un niño tameme que le pide en su cartita a santa, los juguetes más costosos y sofisticados.
Al rato después cuando ya estaba solo me maldecía, dándome de topes en el baño –¡tonto mi, mil veces tonto de mi!-quien me manda a abrir mi enorme y muelona bocota de esa manera. Aunque por dentro, yo sabía que nuevamente ese par de pillas habían hecho de las suyas al aventarme al ruedo como un espontaneo y comprometiéndome de esa manera suicida, casi las veía en mi imaginación carcajeándose de la risa por su gracia, y yo molesto enfrentando ese enorme reto ante mi obtuso gremio, en fin, ya estaba dicho todo, así que no había escapatoria posible; ahora venia lo bueno, pagar los platos rotos por mi estupidez y asumir mi responsabilidad completa y cabal, y esa promesa se antojaba titánica y fuera de zoom.
Para esto, con lo único que yo contaba, era con el apoyo irrestricto de mis compañeros de comité que en ningún momento dudaron de mis palabras y juntos empezamos a negociar el congreso nacional que estaba programado para el mes de diciembre de ese año y estábamos en mayo del año 1985, para esto nos agarramos de las marcas electrónicas de la que varios compañeros éramos centros de servicio autorizado y por medio del CECATI, que también tenía una excelente relación en México con varias marcas. Y por otro lado, solicité el apoyo de la Confederación Nacional de Técnicos en Electrónica a la que estábamos afiliados. Así pues, enviando cartas aquí y allá formalizamos el congreso contando con el apoyo unánime de todas las asociaciones del país que también nos brindaron su respaldo absoluto.
Solo faltaba convencer a los japoneses de que vinieran a Nayarit y eso si estaba cañón, ya que para moverlos se requería algo más que un simple congreso nacional de técnicos, quizás algún atractivo especial que sacudiera sus electrónicas y orientales vibras hasta los cimientos, ese algo, que fuera un detonante, tal vez mas grande que la bomba H que los pudiera atraer como señuelo a nuestro estado. Para eso, en una reunión en CANACO Tepic preguntábamos a los consejeros sobre los gustos y preferencias de los japoneses ¿que les gustará a estos tipos? ¿Acaso sopa de macarrones con salsa de chipotle a la transistor?-bromeábamos-leíamos libros sobre usos y costumbres, total que no dábamos con bola, sobre ese detonante que los hiciera venir; Hasta que por fin un compañero de la costa nos hizo una propuesta de que les contáramos que aquí en Nayarit, en el puerto de San Blas se puede observar a todo tipo de aves migratorias y la existencia de un lugar mágico donde confluyen las aguas dulces y las saladas, les enviamos postales, les garantizamos un viaje a las playas nayaritas con guía patrocinado por el gobierno, y ese fue el detonante que esperábamos, de inmediato reservaron y se dejaron venir varios de ellos, algo así como una veintena de kamikazes directores de todas las marcas japonesas de mayor prestigio en la electrónica. Y así fue como ese congreso que fuera inaugurado por Don Emilio M. González ha sido el único en la historia de Nayarit al que han asistido todos los japoneses y la mayoría de los técnicos en electrónica del país, y recuerdo también muy gratamente que la culminación del evento fue en el bellísimo puerto de San Blas, que nos dejó a todos impresionados y con un grato sabor de boca por su exquisita gastronomía y sus paradisiacas playas, pero sobretodo por ese lugar mágico donde se conjugan las dos aguas, las dulces y las saladas y que en ese mágico día eran adornadas por un bellísimo arcoíris, que casi nos arranca el llanto de la emoción vivida a todos los presentes.
Y yo ¡fiiuuu! Pude cumplir con mi cometido.