Por Óscar Verdín Camacho
En la escuela hay más de 400 alumnos y ahora vinieron 76, comenta a este reportero el director de una escuela primaria de Tepic. Es decir, la presencia de niños ayer fue menor al 20 por ciento.
Los niños que vinieron es porque sus papás trabajan en la mañana; realmente los dejaron para que se los cuidáramos.
El director de otro plantel educativo señala: en un salón de tercer año hay 36 alumnos, y ahora nada más vinieron 11.
En una escuela de preescolar, una maestra apunta que en su grupo hay 22 alumnos pero sólo se presentaron seis.
Una funcionaria de un Juzgado Penal indicó por su parte que en su casa viven dos sobrinos que estudian en la Universidad Autónoma de Nayarit (UAN), y a ambos les exigió que no fueran a la escuela.
Muchos padres de familia tomaron la misma decisión, cualquiera que fuera el nivel de estudios, ya sea de nivel básico, bachillerato o profesional, o hubiera examen: no dejaron salir a sus hijos.
Los anteriores ejemplos ilustran la magnitud que ha dejado el rumor de que este jueves ocurriría un suceso sangriento como ninguno antes.
Tal versión no sólo ha impactado a la sociedad en general, sino a los propios empleados de seguridad, puesto que muchos policías prefirieron dejar en sus casas a sus hijos.
Mientras tanto, inspectores de los Servicios de Educación Pública del Estado de Nayarit (SEPEN) recorrieron las escuelas para verificar la presencia de maestros.
El rumor, atribuido por el gobierno estatal a dos jóvenes, habría tenido también otros orígenes. Se afirma que a mediados de noviembre hubo un narco mensaje que hizo referencia al día 25 como una fecha sangrienta.