Por: Olegario Zamudio Quezada
Alguna ocasión y con motivo de la muerte de Luis Donaldo Colosio, edite un video con las noticias que se vertieron en los canales de habla hispana de América latina, en la portada puse una foto donde se apreciaba su señor padre, en la contraportada una leyenda donde refería que los mexicanos estamos propensos a ser un país de cínicos, un país donde el olvido la condescendencia y la sin razón podría ser el alimento diario.
Hasta el día de hoy, con motivo de las actividades del crimen desorganizado (digo, porque si estuviera organizado habría paz) en Nayarit se puede contar un número de trece personas que nada tienen que ver en estas lides comerciales y que han fallecido, casi me atrevo a asegurar que si los examino con minuciosidad y lupa a mas de alguno lo quito de esa lista fatídica.
En Nayarit, mes tras mes, por mencionar solamente unos tres aspectos, los muertos por motivos de cáncer son llamativos, los muerto por accidentes automovilísticos por manejar alcoholizado son un montón, también en Nayarit las muertes por enfermedades simples, es decir aquellas que no requieren medicina sofisticada, por estos simples motivos que son el pan nuestro de cada día, las muertes se cuentan cada mes por decenas en lo largo y ancho del estado.
Ni una muerte trato de justificar, no justifico la muerte, sobre todo cuando se puede evitar, también no la justifico cuando las personas pueden mejorar su calidad de vida en la enfermedad y en la vida cotidiana.
En lo que no estoy de acuerdo, es en que se haga tumulto en estas muertes por causas de los enfrentamientos de la delincuencia organizada y seamos ciegos, sordos y mudos ante la muerte por otros conceptos que si se pudieran evitar y sobre todo con nuestra participación cívica y moral apoyada en los preceptos de la buena moral y la ética.
Quien puede evitar la muerte así tan repentina y a deshoras, tan silente y sorpresiva, pero por otra parte quien tiende la mano a su hermano y a su vecino que se encuentra postrado por una enfermedad que se lograria subsanar con la solidaridad en la amistad o en la misericordia.
Arturo Jiménez Soriano es mi amigo, he cultivado con él una gran amistad, como es mi característica en mi faceta afable, siempre he sido con él un manojo de atenciones y en ocasión de que mi madre estaba enferma y necesitaba tener movimiento, acudí con mi amigo a pedirle su ayuda, no sin antes referirle que en veinte años o más siempre le había tenido atenciones.
Después de asentir mi comentario y aceptar que me ayudaría a moverla y que con eso estábamos a mano por todo lo que yo había hecho por él en la vida, fuimos al hospital y me ayudo a hacerle caminar un poco, luego ahora después ya no me debía nada, estaba a mano conmigo, pero yo, había contraído una deuda moral de por vida con él, porque él fue el instrumento del universo con el que conocí la misericordia.
La misericordia es algo que no deseo que lleguen a conocerla, pero si deseo que sean misericordiosos con quien la necesite, que estén prestos a tender la mano fraterna, la ayuda solidaria, el gesto de una sonrisa e incluso una moneda en la mano, para abonar la caridad de quien la requiere humanamente.
Lo que no es permisible es ser cínico, no es permisible ser alcahuete con los acontecimientos mismos en nuestra sociedad, en Nayarit y en el resto de la república desde el sur del continente se vive una guerra entre los grupos de la delincuencia organizada y esa guerra es entre ellos, no es una guerra de ellos contra nosotros, ni es de nosotros contra ellos, nosotros no hemos sido invitados al carnaval de las fieras, al carnaval del tigre.
Seamos prudentes y verticales con nuestros preceptos morales, la mano también sirve para extenderla en amistad y solidaridad a nuestros semejantes, no pretendamos hacer de esta nuestra paz social una participante en una guerra que ni la necesitamos y ni deseamos que la sigan continuando los actores de la misma, no hagamos en este Tepic chico un infierno grande.