Por José María Castañeda
SANTIAGO.- En medio del llanto y la pena que embargaba a los familiares de la joven Alondra González Virgen, quien la mañana de ayer fuera entregada a la madre tierra, luego de que fuera abatida presumiblemente por las criminales balas del crimen organizado, impotentes algunos de sus familiares más cercanos se acercaron al reportero para expresar que por que jijos de la chingada el gobierno federal no pactaba una tregua con quienes dirigen las bandas de sicarios para que haya paz.
Obviamente la identidad de quien declaró lo anterior no la vamos a revelar, lo cierto es que añadió que hasta cuando se irá a acabar esta pesadilla, o cuantos inocentes como fue el caso de Alondra, más habrán de caer bajo la metralla criminal para que el presidente de la republica Felipe Calderón Hinojosa, entienda que no es con enfrentamientos como debe de combatirse el flagelo del narcotráfico.
Felipe Calderón debe de entender que hay otros métodos como la implementación del empleo, como el de orientar a los padres sobre la forma en la que deben de educar a sus hijos para alejarlos del vicio, donde está gobernación que permite que las radiodifusoras programen horas y horas de narco-corridos. Pues no que el disco es cultura.
Mira ahorita vamos a enterrar a una niña inocente cuyo único delito fue el salir de su ejido los Corchos para ir a trabajar en la capital del estado, ah pero mientras que el presidente de la republica cargue más de 200 guaruras aparte de toda la guardia presidencial, al igual que sus hijos y demás familiares nosotros que somos gente del pueblo, estamos expuestos a morir ametrallados en cualquier momento a manos de personas que sencillamente no conocemos y a los que jamás les hemos hecho un mal, por eso insistió el declarante en medio de su inmensa pena hasta cuando se irá a acabar esto, hasta cuando irá a pactar el presidente Calderón Hinojosa con quienes jefaturan las bandas de sicarios para que retorne la paz a nuestra provincia, ya no queremos que caigan más inocentes con los que han caído es suficiente exclamó lloroso el de la voz.