Por Óscar Verdín Camacho


Sin saberlo, el martes 30 de noviembre dos policías estatales y otro funcionario de la Procuraduría General de Justicia (PGJ) estuvieron a punto de romper la regla de llegar tarde a los lugares donde hay balaceras.

Eso sucedió en el municipio de Acaponeta, donde durante la mañana hubo un enfrentamiento en la carretera internacional que dejó dos hombres muertos, así como heridos a varios pasajeros de un camión de la ruta Victoria.

Ese día, a bordo de un automóvil de la Agencia Estatal de Investigación, personal de seguridad adscrito a Acaponeta transitaba en dirección a Tepic para cobrar la quincena. La marcha fue frenada al encontrarse una fila de carros. Creyeron que se trataba de un accidente y fue encendida la sirena de la patrulla, por lo que avanzaron rápidamente por el carril contrario.

Sin embargo, al llegar al frente de la fila se detuvieron. No había accidente y, por el contrario, vieron gente de otros carros que corría hacia el monte. Por un momento, los policías no entendieron lo que ocurría y bajaron del carro. Instantes después, una caravana de vehículos avanzó a alta velocidad en sentido contrario y se detuvo frente a los empleados estatales. Los encañonaron con armas largas.

-¿Ustedes quiénes son, hijos de la chingada? –les gritó uno de los desconocidos-.

Dos de los funcionarios identificaron su cargo y el otro de plano no pudo hablar. Rodeados, los cañones de las armas largas estaban a menos de dos metros de distancia.

Sin embargo, a continuación otro conductor hizo una maniobra equivocada que llamó la atención de los maleantes. Apresurado, avanzaba por el carril contrario en dirección a Tepic y cuando menos se dio cuenta ya estaba a unos metros de los sujetos armados, que eran más de 30 en al menos seis carros.

El conductor fue sometido a golpes de culata. Uno de los sujetos tomó el volante y dio vuelta en U, entonces la caravana continuó la marcha, llevándose al citado conductor. Se desconoce si fue liberado.

Inmediatamente después los policías avisaron lo ocurrido a sus oficinas en Tepic. Avanzaron unos 300 metros y encontraron el lugar donde había ocurrido el enfrentamiento. Había dos muertos, vehículos baleados, entre ellos el camión de la ruta Victoria, en cuyo interior todo era espanto. Varios pasajeros estaban heridos, había llanto, gritos. En la refriega, el camión quedó en medio del fuego cruzado.

EN LA SIERRA

La segunda parte de las matanzas de ese día en el municipio de Acaponeta ocurrieron a 18 kilómetros de la carretera internacional, por una brecha a San Diego del Naranjo, en una zona donde inicia la sierra.

Sobre qué fue lo sucedido, la PGJ conoció el relato de varias personas que ese día fueron interceptadas por un comando de hombres armados. Las víctimas, entre las que estaba una pareja, fueron obligadas a permanecer sentadas en el suelo mientras sus carros eran acomodados en la brecha para cerrar el paso. Entre ellos figuraba un torton que transportaba varias toneladas de productos de DICONSA. El lugar, fue explicado, está en una curva con lomas a los lados, es decir, ideal para tender la emboscada.

Era obvio que los sujetos sabían que por ese lugar pasarían los integrantes de la organización rival.

De acuerdo con la versión de los testigos, cuando los carros se acercaban se les exigió que se hicieran a un lado. Corrieron lo más que pudieron pero no mucho, 50, 60 metros, y se echaron al suelo. Rezaban para no ser alcanzados por las balas.

Los testigos conocieron entonces que a los lados de la brecha había más sujetos ocultos, con armas largas, a los que antes no vieron.

Aquello se convirtió literalmente en el mismo infierno. Fueron más de 30 minutos de balazos, de gritos. Uno de los testigos narró haber visto a un sujeto que metía bolas a un tubo y que, cuando disparaba, el arma prácticamente lo hacía levantar.

El saldo del enfrentamiento fue de cinco muertos, dos de ellos decapitados.

Dos días después se supo que los tiroteos del martes 30 no terminaron ahí, y es que el jueves pasado fue hallado otro cadáver en la sierra de Acaponeta, decapitado también, lo mismo que dos carros con impactos de bala. El cuerpo ya estaba hinchado, a punto de reventar.

Los ocho cuerpos fueron trasladados al Servicio Médico Forense (SEMEFO), en Tepic, por temor de que fueran robados si se les dejaba en Acaponeta.

Por lo menos tres ya fueron identificados: José Alfredo González Soto, de 20 años; José Rogelio Hernández, de 33 años; y Eleazar Estrada Sánchez, de 44. Los dos últimos residían en el municipio de Escuinapa, Sinaloa.

Y SIGUEN

A las ocho de la noche la gente ya está en sus casas, dice una fuente de seguridad de Acaponeta. Hay miedo de que continúen las balaceras y ejecuciones.

Y vaya que si. El viernes cuatro hubo otro enfrentamiento, en el interior de esa ciudad del norte del estado, en el que murió una señora que vendía tamales.

Una semana antes, el lunes 22 de noviembre, ocurrieron dos ejecuciones.

Por ello, tienen sustento las versiones de quienes creen que en Acaponeta continuarán los ataques sumamente violentos.

Tras los tiroteos de la semana pasada, se recibieron al menos cinco denuncias penales en el norte del estado por el delito de robo de vehículo. Los carros habían sido utilizados en los citados enfrentamientos.