Por: José Ma. Narváez Ramírez.

Cuando los empleados públicos de Hacienda Estatal (varones) fueron reclutados a las filas de los retenes, éstos obedecieron a regañadientes pues notaron que no enlistaban a sus compañeras de escritorio, y pegaron el grito en el cielo alegando que todos hijos todos entenados

Y salió a colación la queja de que no era parejo el cacareado género y los burócratas protestaron enérgicamente aduciendo que para desempeñar el empleo se aceptó el cincuenta y cincuenta por ciento (hembras y machos) pero para ir a dar la cara al problema de los retenes, solamente pensaron en mandar a los hombres.

Tal vez tuvieron razón los protestantes, y mientras los licenciados, contadores y auxiliares van a presentar gaita, las damas se dedican a cuidar las oficinas y a realizar las labores de aquellos y propiamente las de ellas. Aunque por debajo del agua (los del rango masculino) no lo consideraban justo, ya que las palabras: igualdad de género, hablan por sí solas y quieren decir: parejos todos.

Cuando esto llegó a oídos de las trabajadoras, algunas alegaron que por ser madres las relegaron de esa peligrosilla encomienda y además por su calidad de sexo débil pues estaban fuera de esa responsabilidad. Pero no faltaron las bravas hembras que respondieron a la demanda con mucha valentía y de inmediato hicieron saber que estaban dispuestas a participar en ésa tarea sin chistar palabra.

La cordura y el sentido práctico de la encomienda puso el punto final a las discusiones que aparecieron más en el lado de los varones que en el de las hembras, y las cosas se aplacaron antes de convertirse en algo que pudiera causar disgusto o motivo de rivalidad (o rudeza) innecesaria. Máxime que están por darles los aguinaldos (a todos) un mes de adelanto y vacaciones de fin de año.

Ayer se suscitaron conatos de violencia y a algunos se les arrugó el cuero, pero no pasó de ahí. Otros, al constatar que la ola de robos, asaltos y secuestros pudiera recrudecerse, pensaron en comprar (con el producto aguinalgueño) un arma en el mercado negro para defender a su familia de este tipo de delitos, pero al comprender que no las pueden utilizar convenientemente (ya que hay que practicar el tiro y gastar cartuchos útiles), y por otra parte el Ejército vuelve a implementar el operativo de entrega (de civiles) de armas de fuego, así que se entiende que hay que arrostrar el peligro y dejar que el destino marque o borre la raya de la existencia

Así que Control señores Control y que el cielo los ampare al fin y al cabo como dijo El Cora Marismeño: Si me toca la de malas en estos tiempos de las descargas, con una bala que me pegue tengo Si la libro, ya estaría de Dios