Por: José Miguel Cuevas Delgadillo
Contrario a lo que se cree, la sociedad judía considera a la mujer parte fundamental del desarrollo familiar y social. El rol que desempeñó desde tiempos antiguos es admirable. La mujer virtuosa descrita en uno de los textos del Antiguo Testamento, concretamente, en el libro de Proverbios (Capítulo 31 versículo 10 en adelante); se puede considerar en la actualidad: las características de la mujer del siglo XXI.
Una mujer virtuosa en el contexto judío implicaba una mujer hábil en las cuestiones del hogar, la crianza de los hijos, la sana relación con su esposo y el esmero en trabajar para obtener recursos económicos propios. De entrada el texto inicia con una pregunta retórica: ¿quién la hallará? Y da la razón en un lenguaje poético: Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas. Mejor es una mujer virtuosa (cuyas características las describe más adelante) que un montón de piedras preciosas. El texto establece contundente: su marido tiene confianza en ella y, por si fuera poco, tanto su marido como ella no carecerán de ganancias (en gran parte por el trabajo de ella como se verá más adelante). La mujer virtuosa no es un continuo dolor de cabeza para su marido, por el contrario, le da bien y no mal todos los días de su vida. ¿Cuál es la razón principal para que su marido tenga confianza en ella? El trabajo: Busca lana y lino, y con voluntad trabaja con sus manos. El autor del texto añade una característica primordial de todo trabajo: el esfuerzo. Dice de la mujer virtuosa que: Es como nave de mercader; trae su pan de lejos. Además de trabajar con esmero y dedicación, la mujer virtuosa es servicial con los miembros de la familia: Se levanta aun de noche y da comida a su familia y ración a sus criadas. Las labores del hogar aunado a las actividades de un trabajo fuera de casa son demasiado agotadoras, es de entender que una mujer así tenga otras mujeres que le ayuden en las labores domésticas. Recordemos que en ese tiempo (2700 aprox. a. de Cristo) no existían guarderías, por lo cual, las madres judías contrataban personal doméstico para apoyarse y no para delegar sus responsabilidades, en este caso, la mujer virtuosa seguía siendo responsable de su casa y se apoyaba en sus auxiliares. Así, evitaba el estrés laboral. Dichas auxiliares eran escogidas con un perfil mínimo de virtud, similar al descrito por el texto. Las madres virtuosas no tenían dificultad en encontrar auxiliares para la ayuda doméstica, era común encontrarlas. Solteras jóvenes, viudas y casadas tenían las características descritas en el texto. La mujer virtuosa era emprendedora en los negocios, practicaba la compra-venta, principio básico del crecimiento económico: Considera la heredad, y la compra, y planta viña del fruto de sus manos. Además, practica hábitos fundamentales para el crecimiento empresarial: Ciñe de fuerza sus lomos, y esfuerza sus brazos. Tenía su propia empresa: Ve que van bien sus negocios; su lámpara no se apaga de noche. La última frase se refiere al trabajo arduo, no sólo laboraba de día, sino en muchas ocasiones también en las noches, por eso su lámpara se veía prendida. Su esfuerzo, no sólo lo aplicaba para el trabajo cotidiano fuera del hogar, sino también para las labores domésticas: Aplica su mano al huso, y sus manos a la ruaca. El huso y la ruaca, dos objetos circulares y planos usados para trabajar las fibras textiles, eran herramientas cotidianas de trabajo. La mujer virtuosa las usaba para proveer para su familia, para ella misma y para los más pobres. La mujer virtuosa tenía dinero propio, sin embargo, no era egoísta; mucho menos, materialista. En otras palabras, además de ser una mujer piadosa, era una mujer organizada en sus finanzas, sabía administrarse adecuadamente. Alarga su mano al pobre, y extiende sus manos al menesteroso. Hasta la próxima. redescubriendo@hotmail.com