Por: José Ma. Narváez Ramírez.
No solamente el gobierno federal, (entre el estatal y municipal) debe de dar más de setecientos mil empleos a los ciudadanos mexicanos -al año-, sino que debe de poner todo su empeño y capacidad para ocupar trabajadores que desquiten la paga y no continuar manteniendo a una sarta de rémoras que simulando hacer que hacen solamente sirven para acomodarse en fila y cobrar los sueldos que el propio gobierno cubre –con dinero del pueblo- por no hacer casi nada, pero que el que pone el dinero no se opone, por considerar que son individuos sin más culpa que servir de lastre en el barco que navega sin rumbo fijo en el proceloso mar burocrático del mal llamado gobierno.
Y estos empleados, mal asisten a dizque pasar lista y disponerse a dizque pasar sus días de trabajo, cómodamente arrellanados en sillas dispuestas en sus apretujados espacios, para recibir diariamente a una andanada de comerciantes ambulantes, que lista en ristre ya los llevan anotados en sus libretas de crédito, atascándolos de mercancías de toda clase a precio de abonero de palacio.
Y tampoco tiene culpa alguna esta gente que hace su lucha vendiendo, desde tacos hasta casa, muebles, bisutería y, en algunos casos, préstamos de dinero para alivianar a los que no les ajusta el sueldo y a aquellos que malgastan lo recibido, en el entendido de que están exentos de ser corridos del puesto o de ser cambiados de lugar, porque gozan de la protección del sindicato y están más amarrados que el propio jefe (provisional).
Y esta situación –en cierta forma muy cómoda para aquellos que laboran sindicalizados- tiene el efecto de seguir durante mucho tiempo, hasta que llegase el día (muy lejano) de que ocupen los cargos de funcionarios, gente honesta y cumplidora, que no vayan al puesto para robarse el presupuesto y se haga de la vista gorda con la supuesta chamba.
Porque si realmente hubiera mucho trabajo y éste fuera representado por personas que lo hicieran bien, que no se portaran con altanería y prepotencia hasta en la hora de cobrar los impuestos o de pagar sueldos y prestaciones, con unos cuantos ciudadanos responsables se cubriría la nómina; porque ya se usa la tarjeta bancaria para esas acciones y solamente hacen cola aquellos que ignoran estos servicios o que cobran sin ella.
Aclarando: no se tiene nada personal contra estos señores que sirven en el burocratismo, que cada día se extiende en forma desmesurada, al grado de abrazar en sus filas –cada tres años- los trabajadores que acompañan al ganador de la contienda en turno, convirtiendo aquello en un ejército de empleados con base, al que no puede controlas el propio patrón, que en este caso es el gobierno. Ahí tienen –para no ir más lejos- el caso del magisterio, controlado por líderes chafas que duran casi de por vida en el puesto, son cuatachos del presidente y que haciendo uso de las cuotas sindicales, logra amasar grandes fortunas y poner en los puestos claves a sus protegidos o a sus familiares, que valen el mismo queso que ellos.
Y quienes fungen de líderes de estas huestes (que alguien por ahí las llamó: carroñeras) redoblan sus esfuerzos por defender estos derechos más chuecos que basados en los sagrados derechos del verdadero trabajador.
Y ustedes me dirán que no tiene la culpa el indio, pero tendrán que hacer un sacrificio muy grande para que regrese aquel muy arcaico dicho que reza: el pueblo tiene el gobierno que merece y los trabajadores que merecen servirle.
Así que Control Señores Control Todo está en el color del cristal con que se mire... Porque entre toda esa bola de flojos, todavía hay algunos que sí trabajan.