Por Miguel Ángel Casillas Barajas

Alexis la había conocido, así de una manera casi circunstancial por medio de la red de internet. Uno de esos días aciagos en que no tenía otra cosa que hacer, se puso a navegar por la red de internet sin rumbo fijo, algo muy común en nuestros días; así también de esa manera fortuita llegó hasta la red social de Facebook, y fue ahí donde la encontró y quedó prácticamente subyugado por su manera de escribir y así, sin tantos preámbulos; la invitó a sumarse a su círculo de amigos. El internet pues, se había convertido ese bello día en su cómplice involuntario y mudo testigo de esa relación amistosa, que valga la pena decirlo, fue a partir de se encuentro fortuito que se hicieron mas recurrentes las visitas estando presentes día con día a la misma hora en el chat, aunque esta relación seguía siendo un tanto distante y fría y con un profundo abismo de por medio que los separaba, por la disparidad de edades existente entre ambos que era considerable; y aunque lo dos lo sabían, así se aceptaban.

A él, lo había prendado de ella, su singular estilo de escribir cada palabra vertida en el chat usando modismos un tanto pintorescos y raros y por su manera ágil de sintetizar las palabras artísticamente hasta lograr una expresión novedosa y casi desconocida para Alexis, con un trato del español de una manera sin igual como si fuera un confeti de palabras llenas de un encanto sutil pero con un aire divertido y carnavalesco, hasta lograr llevar el lenguaje de cervantes al extremo de lo irreal e intangible. Pero sin embargo, él admitía que era una expresión bella digna de tomarse en cuenta y rica en expresión, que en ratos era modulada de una manera sutil, romántica y sensual hasta rayar en lo cursi, y en otras ocasiones; ¡el extremo absoluto!, letras altisonantes que parecían brincar juguetonas como en un desfile con fanfarrias llenas de un ímpetu desbordante, llegando casi al éxtasis sublime. Pero así, de repente y sin decir ¡agua va! De una manera prodigiosa, divertida y casi cómica, volvía a llevarlas a la calma como los barcos después de una marejada llegan a buen puerto. Era pues una gran apoteosis su manera de escribir, como para burlarse de todas las odiosas reglas gramaticales obtusas que impone el lenguaje; que para opinión de él, le seguían pareciendo todavía muy respetables, y el chat, lo había considerado (hasta antes de conocerla) como una tribuna conformada por pequeños delincuentes de la gramática ociosos en potencia reunidos para darse gusto en pisotear y destripar como vulgar cucaracha y de manera incólume el idioma español, como en un acto de rapiña salvaje, lujurioso e incontenible. Le daba tristeza, ver como ese gran tesoro de la humanidad puesto en sus manos estaba siendo prácticamente devorado por esos pequeñuelos grafiteros insaciables haciendo gula de el, en el chat, y dándose un verdadero festín interminable. ¡He!, -pensaba para si-que si estuviéramos en la época medieval, este sería un agravio muy poderoso de lesa humanidad que seguramente hubiera levantado en armas al mismo Don Quijote de la mancha para realizar un expurgo de todos esos pequeños granujas que se pitorrean flagrantemente de la real lengua española de manera arbitraria e impune.

Bueno pues, se aceptaba el mismo como un conservador o por lo menos esos valores son lo que le habían inculcado en la escuela privada sus estrictos maestros de español y literatura, recordándole día con día a cada instante en su vida de estudiante la mentada regla gramatical, metiéndosela en el coco repetidamente como con taladro gota a gota cual transfusión de sangre, entrándole por una oreja para grabarla casi a golpe de cincel y martillo en su confundido cerebro; y que incluso en algunas ocasiones le había costado desveladas completas para entender ese complicado romance existente entre las esdrújulas y las consonantes y todas las demás yerbas rebuscadas y confusas de nuestro nutrido y florido idioma español. ¿y de que había servido? – Se preguntaba asimismo- sonriendo socarronamente intrigado, y después con cierto aire sarcástico, se contestaba el mismo: ante la llegada del internet, ¿ahora resulta que todo lo que estudiamos se lo llevó patas de catre y el nuestro, ya es un lenguaje sin reglas y obsoleto?. ¿Y entonces que?, ¿es un partido sin árbitro?