Por Miguel Ángel Casillas Barajas
Aunque Alexis reconocía que a sus 33 años era un joven culto, sentía como un error imperdonable para él el no entender ese nuevo y modernista lenguaje aplicable en el chat, que ella, esa hermosa flor con carita ingenua y de sonrisa angelical dominaba a las mil maravillas como maestra aplicando con su teclado términos por aquí y por allá, usando emoticones, animaciones y gifs animados por puños como adorno celestial, y con un gran estilo en la aplicación del apócope con cierto ritmo y cadencia que hasta a él, le parecía una excelsa obra de arte plasmada ahí en su ordenador que admiraba anonadado, era algo así, como estar en la capilla Sixtina observando la obra cumbre e insulsa del maestro Miguel Ángel Buonarroti pero ahora plasmada en letras en el chat; y que aunque le costaba trabajo entenderla y descifrarla, ese lenguaje de moda era en realidad el verdadero motivo enigmático que lo mantenía preocupado y confundido y lo hacía sentirse poca cosa ante ella, como si fuera un guiñapo, un ser disminuido que pese a sus grados de estudio era casi invisible para sus ojos, perdido en un espacio sideral de otra galaxia mucho muy grande y distante al de ella.
Osiris por su parte de 20 años era hija de familia de clase media acomodada, cursaba la carrera de odontología en la Universidad y aunque su desempeño era sobresaliente, quizás no era del tipo de niña dedicada en cuerpo y alma al estudio, aunque si, con un gran sentido de la responsabilidad cumpliendo cabalmente con sus tareas sin problemas ni atrasos de ninguna índole. Una chica modelo para su edad, en toda la palabra deseosa de vivir la vida de una manera fácil y practica sin meterse en complicaciones de tipo amoroso, y en el chat, poniendo siempre un límite en sus conversaciones personales.
Una tarde en que Alexis pasó a saludarla por el internet ella no estaba conectada, esto intrigó de sobremanera al joven, pero no le tomó la debida importancia, pensó que tal vez al día siguiente las cosas irían mejor para él. Al siguiente día volvió a intentarlo y nada. Un presentimiento malo empezó entonces a agolparse en su pecho ¿le diría algo que la hubiera ofendido? –pensaba-no podía creer que a un mes de haber conocido a ese encanto de niña la pudiera perder. Y entonces si, le empezó a preocupar. Pasaron varios días y no había noticias de ella y no tenía más datos, que los que escuetamente aparecían en su correo electrónico y en su perfil de Facebook, ¡maldita sea, son insuficientes!, -Se decía así mismo- ¿como ir a buscarla personalmente en algún sitio y preguntarle las razones por las que ya no salía al chat?
Pasaron tres días y no volvió a saber de ella. Fue hasta esa mañana en que su computadora empezó a presentar problemas y hacerse lenta y decidió llevarla al servicio para que la formatearan; en la sala de recepción del servicio técnico estaba una chica que tenía problemas con otra computadora laptop muy parecida a la suya que había sufrido una aparatosa caída y estaba en espera del diagnostico, que se esperaba trágico, debido a que la caída había sido de una parte muy alta. Por azahares del destino ambos habían acudido al mismo lugar para hacer efectiva esa reparación en garantía, sin conocerse mutuamente.
Desafortunadamente para la chica, sus premoniciones fueron ciertas la laptop no había tenido solución debido a roturas internas en la tarjeta y sobretodo en la pantalla de LCD que hacían prácticamente incosteable su reparación y la dejaban fuera del goce de la garantía que ofrece el fabricante. Una tristeza casi sepulcral invadió el rostro de la bella joven al saber la noticia, y sin pensarlo más se puso a llorar desconsoladamente, ante el asombro de Alexis. Para ella, esa computadora era como un complemento de su propia existencia, sin esa maquina no se sentía nadie en el mundo, su laptop era algo así, como su representante directa ante la poderosa red del internet, tal vez, como su agente de relaciones publicas que le había abierto todas las puertas al mundo, y sobretodo al amor y ¿prescindir de ella? No, eso no. Era algo inaceptable para una chica que vive, come y sueña las 24 horas del día pegada al internet como una forma de vida novedosa y modernista, pero además, era la líder de una gran célula de amigos que se reunían a diario para chatear intercambiando experiencias propias de la vida y sus propias intimidades; solo ella decidía por medio de claves, quien entraba o quien salía de esa célula tan exclusiva, tal si fuera la de ella, una élite muy selecta de amigos de la crema y nata de una sociedad enfermiza, falsa y virtual y con cierto aire fashión aquellos que supuestamente se dan lujo de usar lo mas in de la moda como en las grandes esferas del jet set internacional o de los jóvenes de la alta sociedad del hoy. Así pues, como comprenderán esa pérdida de su laptop, había sido como un golpe maestro del destino con dedicatoria de exclusividad para Osiris, que le prodigaba un dolor profundo en su joven pecho mucho más agudo que aquel de perder a uno de sus familiares más cercanos y queridos de este mundo.
Acto seguido la joven se paró de improviso y salió corriendo gritando de manera desaforada del lugar, llorando a mares, mientras que Alexis algo sorprendido y apenado por la situación pasaba saliva amargamente sin perder detalle del trance por el que pasaba la chica, queriendo ayudar en algo a la hermosa joven, tan solo con la intención de no sentirse inútil y amortiguar un poco su pena de perder su laptop que sentía que era algo muy apreciado por ella , y aunque no tenia el gusto de conocerla personalmente, sentía que una voz proveniente de su interior lo llamaba a intervenir y lo impulsaba decididamente a apoyarla sin reservas. Titubeante y algo confuso, Trató de indagar su nombre y domicilio ante el recepcionista del servicio y lo obtuvo, su nombre: Osiris Duarte ¿Osiris? –Exclamó sorprendido- ¡Osiris!, ¡solo existe una persona con ese hermoso nombre en todo este sacrosanto lugar, ¡y yo la conozco!
(CONTINUARA..)