Por: Benito Madera de la Paz

La introspección es un método por el cual el ser humano puede analizarse a sí mismo y hacer una especie de examen de conciencia. Éste ejercicio es un buen medio por el cual se puede perfeccionar a si mismo y así progresar respecto de nuestras virtudes, así como para descubrir y ponderar los errores cometidos en el pasado, en la idea de no volver a caer en ellos.

En estos tiempos terribles que nos ha tocado vivir bien vale la pena realizar una práctica de ésta naturaleza para lo cual, podríamos partir reconociendo que muchos de los problemas que hoy nos aquejan son resultado de una grave aflicción que afecta el alma social de nuestra sociedad. Las enfermedades del cuerpo, comparten dinámicas con las enfermedades del alma, las dos deben atenderse a tiempo, deben prevenirse, porque si no se hace así, la cura si es que existe suele resultar dolorosa. En nuestro entorno priva actualmente un acentuado egoísmo en la conducta de las personas; se ha impuesto el individualismo, el afán del éxito material a toda costa, y como el todo es la suma de sus partes, los resultados están a la vista; una sociedad podrida hasta sus entrañas porque está enferma del alma, vivimos en tiempos en que el hombre se tornó en lobo del hombre (Hoobes). Cómo estuvo que llegamos hasta ahí, en qué momento perdimos nuestra calidad humana para convertirnos en bestias, cómo fue que extraviamos el camino que nos marca nuestra civilización judeo cristiana de no hacer daño a los demás para que a su vez otros no nos dañen a nosotros. Esto a pesar de que a diario se nos repiten estos valores en multitud de actos religiosos. Presumimos creer en dios, pero es de dudarse que díos crea en nosotros pues nuestra fe la hemos reducido a ceremonias, a fasto, a rituales. Nuestro cristianismo es cosmético al igual que las piedras del río que están mojadas por fuera pero permanecen secas por dentro. No basta decir que somos creyentes, demostrémoslo venciendo el fatídico derrotismo que nos embarga, el silencio ante la injusticia cometida a nuestros semejantes es pecado de omisión que niega los valores humanos que nos han sido inculcados. Los buenos cristianos cuando se lo han propuesto han derribado imperios, tan solo con la fuerza que les dio su fe sustentada en el amor al prójimo y en la verdad. Actuemos ahora para derribar el imperio de la maldad, para eso, no basta con orar, es hora de salir también a protestar, de alzar la voz en favor de la paz y la libertad. Recuerda que dios dijo ayúdate, que yo te ayudare.