Por: José Miguel Cuevas Delgadillo
Si pudiera resumir en dos palabras la atmósfera de los programas de Laura está aquí y Mujeres golpeadas que conduce Laura Boccio y Niurka respectivamente, elegiría del latín, mysterium y del griego clásico, pathos. Pathos, con referencia a aquella antigua retórica aristotélica que apelaba a las emociones del público con fines persuasivos. Mysterium, por otra parte, en su acepción más sencilla, de donde nos llega al español misterio: un secreto incomprensible, inaccesible a la razón.
El propósito del consultorio televisado en vivo es persuadir apelando a la emociones. La cultura latinoamericana y en particular la mexicana consumen programas con alto contenido emocional: tragedias, humillaciones y maltratos. El formato está diseñado para provocar en la audiencia sentimientos de dolor, indignación y llanto. Los casos están altamente manipulados y alterados intencionalmente para reducir la realidad a un simple programa de una hora. Televisa y TV Azteca se han convertido en verdaderos expertos de la manipulación emocional expres, y en muchos casos, surrealista. El axioma el medio es el mensaje, del filósofo de la publicidad Marshall McLuhan hace referencia al irracional mundo de la ayuda psicológica en terapias ligth, en este sentido, se exalta el mensaje como el medio principal al momento de transmitir cada uno de los casos expuestos.
El impacto emocional en los espectadores es inusual, provoca enojo y molestia contra los abusadores, que es difícil conocer si en realidad lo son. Los programas relatan experiencias de abuso contra mujeres, niños y ancianos; infidelidades, abusos sexuales, problemas familiares, entre otras situaciones. En apariencia la intención de los programas es fomentar la denuncia social contra los abusos y las personas involucradas. En los últimos años la televisión mexicana se ha convertido en el tribunal social de la opinión pública, y el medio más usado para la denuncia, lamentablemente los casos se politizan o se mediatizan y se pierde la esencia para lo cual fue presentado, entonces se convierte en pathos: la apelación de las emociones del público con fines persuasivos.
Reducir la realidad a imágenes actuadas para la televisión nacional en vivo, esperando la reacción emotiva de los espectadores y del público que se encuentra en el estudio, con la intención de alimentar la interacción virtual del llanto entre espectadores y protagonistas, provoca, en términos psicológicos, una regresión introspectiva de la experiencia negativa social o familiar del espectador, lo cual provoca una identificación instantánea en el caso presentado. El gancho emocional genera rating, y el rating provoca un impacto televisivo que trasciende las fronteras de la privacidad generando un fenómeno social. Los casos presentados en ambos programas (Niurka y Laura) generan expectación al sufrimiento ajeno y adicción a la desgracia humana reducida a un espectáculo alterado. Está comprobado neurológicamente que dichos programas no generan cambios consistentes en la psique de las personas que se identifican con los formatos, por el contrario, el ciclo de la violencia se genera y se reafirma: la persona es violentada, humillada; se molesta y escapa, pero al paso del tiempo termina por acostumbrarse al maltrato, al grado que; en muchos casos, la víctima encubre, defiende y apoya a su victimario. Lo que hacen dichos programas es precisamente eso, reafirmar lo que está padeciendo, quizás, el espectador. El público experimenta, vive y sufre juntamente con la víctima; pero no genera cambios consistentes para liberarse de la realidad que le afecta. Hasta la próxima. redescubriendo@hotmail.com