Por Héctor Miguel Flores Nava
Durante muchos años se estuvieron desarrollando, los gobiernos lo permitieron, las policías no actuaron en consecuencia, incluso los propios cuerpos de seguridad rebasaron sus propios límites y se involucraron, supimos de ellos y se hizo caso omiso, se sabía de antemano cómo operaban, era del dominio público conocer de su existencia; sin embargo, como no sentíamos vernos agraviados de manera directa, los tolerábamos. Hoy, a un año de haber iniciado la violencia en su grado más extremo, nos vemos obligados a manifestar un inicio tardío de la conciencia social, en repudio a este grave flagelo.
La violencia generada por los operadores del narco y los grupos delictivos que, al amparo de tanta zozobra, también han sentado sus reales en Nayarit, cada vez son más violentos, son verdaderas hordas de jóvenes que conforme se masacran entre sí, en esa misma dinámica son sustituidos por otros jóvenes, que vienen a representar un verdadero ejército de ‘súper stars’ del crimen organizado, al menos así se sienten quienes incursionan de manera efímera entre las bandas rivales que buscan controlar la plaza que se disputan día con día, por el sólo hecho de portar un arma, conducir un buen automóvil y traer unos miles de pesos en el bolsillo que en nada les serán productivos.
Las formas de operar se han diversificado, van a cazar a las calles de la ciudad a competidores en la venta de enervantes, el frente de batalla puede ser cualquier avenida, lo mismo atacan domicilios particulares como negocios establecidos que, se supone, florecieron al amparo de los dividendos producto de ilícitos.
Cuando por motivo de sus propios enfrentamientos se quedan sin vehículos, salen a las calles, a las carreteras, a despojar de sus unidades a inocentes ciudadanos que tuvieron la mala fortuna de haberse topado en su camino; si falta el dinero, cometen extorsión telefónica, o bien de forma directa lo hacen a manera de cobro de plaza, cual si fuera derecho de piso, o bien, cobros en forma de venta de seguridad, de una falsa seguridad que ofrecen, so pena de agredir a quien no paguen dicho cobro.
La modalidad del secuestro no es la excepción; el secuestro les viene a representar la forma más cómoda de obtener dinero sin hacer el mínimo esfuerzo, actividad por demás cobarde y ventajosa en la que no se detienen a ver que los bienes que poseen sus víctimas son el producto de una vida de trabajo.
Son temidos, bravucones y tienen en sus creencias la narcocultura como una parte de ellos muy arraigada. Todo lo que saben fue aprendido, practicado y ahora aplicado. Así son los nuevos rostros del narco, que a diestra y siniestra pelean por el control del negocio. Aunque muchos han muerto y pocos han sido capturados, son esta nueva generación de delincuentes quienes controlan de manera imperturbable el narcotráfico en Nayarit.
Para ellos la violencia es normal, porque viven rodeados de ella; desde muy jóvenes crean su propio historial delictivo y las actividades ilícitas en las que participan son cada vez de mayor impacto. Las bandas, en lugar de debilitarse, se extienden y se radicalizan. Lo que es un hecho es que la violencia se exacerba en la medida de que mueren integrantes de cada una de las organizaciones delictivas, y a manera de venganza, cobran con la vida de integrantes del grupo rival.
Los espacios que dejan quienes mueren en los enfrentamientos se van reciclando de manera constante, por ello emergen y son sustituidos quienes alguna vez llenaron ese espacio, siempre habrá grupos de reserva que continúen la labor delictiva de quienes la dejan. Los nombres pueden ser otros, pero la dinámica de las bandas de sicarios sigue funcionando.
Dentro de todo ese ambiente que pareciera sacado del infierno de Dante, nos encontramos los ciudadanos comunes, los que salimos a trabajar diariamente, los maestros, los obreros, empleados de las diferentes dependencias, los estudiantes, los niños, personas en general que en nuestro devenir, nos encontramos en nuestra actividad cotidiana, nos vemos a la cara, sabemos que hay temor, se siente en el ambiente, pasamos en silencio, a veces bajamos la mirada, nos hacemos disimulados, indiferentes.
Cada quien inmerso en sus propios pensamientos, rumiando sus propios miedos, pensando en el mal momento en que pueda verse inmerso en un fuego cruzado, y de ser así, imaginando sin concretar, la manera de cómo actuar en una situación como esa. Hoy nuevamente lo intentaremos, iremos a una marcha en contra de la inseguridad que se vive en nuestro estado, seguramente será multitudinaria, esperemos que ante esto respondan las instancias que tienen que ver con la responsabilidad de brindarnos el derecho a vivir tranquilos, seguros, que el gobierno haga las funciones para las cuales fueron nombrados, que la voluntad popular que los llevó a esos cargos se vea recompensada sólo con el cumplimiento de salvaguardar la integridad de la ciudadanía.
Que la violencia, deje de ser el pan nuestro de cada día.