Isaac Cárdenas Valdez, un estudiante de 20 años, convocó a una marcha por la paz que tuvo lugar este sábado por la tarde.

El punto de reunión fue la Concha Acústica en el parque La Loma y al lugar acudieron unas 250 personas vestidas de blanco, la mayoría de las cuales encendió una veladora.

En dos grandes pancartas se escribió: Basta de violencia, no la queremos, y Basta de violencia, no la necesitamos.

La caminata, por avenida Insurgentes, siguió por México hasta Palacio de Gobierno, frente al cual se entonó el Himno Nacional y se gritó: ¡Viva México!, ¡Viva Nayarit!, ¡Viva Tepic!, ¡Viva la paz!, ¡Viva la paz!.

Minutos antes de las siete de la noche, la marcha finalizó frente a la Presidencia Municipal.

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Cuando José Luis y su esposa Olga se enteraron que se realizaría una marcha por la paz en el estado, no dudaron en darse tiempo para asistir, y también llevaron al menor de sus hijos, José Luis, de seis años.

La pareja coincide: tenemos que participar activamente, recuperar nuestros espacios, no ceder a la delincuencia, no replegarse.

Lamentan el estado de zozobra y el miedo constante con que se vive en una ciudad que hasta hace poco tiempo era tranquila. Ahora sacan a pasear menos a sus hijos y procuran estar en casa temprano.

Los niños sufren más el miedo de los padres, se encierra uno en sus casas, las calles están más solas, completa José Luis.

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Sergio, un adolescente de 13 años, se enteró de la marcha por Facebook y escribió un anuncio que mostró en la concentración: Paz en Nayarit. Explica que, a su edad, sus papás lo dejan salir poco con sus amigos. El miedo no es para menos pues en una casa vecina se produjo una de las tantas balaceras que han ocurrido en Tepic desde el año pasado. Sergio estaba en su casa y escuchó a unos metros el bramido de las metralletas.

Sergio y algunos amigos acudieron a la marcha.

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Médico jubilado, Antonio señala que vivimos en un estado de sitio; antes podíamos salir, tener abierta hasta la puerta de la casa. Todo eso se acabó. Tengo un hijo de 25 años y una hija de 21que antes salían a divertirse pero ahora se acabó la confianza. Hay muchos tiroteos.

Antes salía a caminar; iba al cerro de San Juan o por veredas y ya no se puede hacer eso.

Como doctor, explica, se enteró que el año pasado un colega suyo y dos enfermeras fueron levantados por un comando para que atendieran a sujetos heridos. La noticia cundió rápido y desde entonces muchos médicos prefieren llegar con ropas de civil a sus lugares de trabajo, no usar la bata afuera de los hospitales.

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Profundamente creyente, la señora Ana María señala: uno le pide a Dios que pare la violencia; vengo de la parroquia del Santo Niño y del Perpetuo Socorro. Debemos inculcarle valores a los niños y hay que pedirle al Señor, él nos puede dar la paz, tengo mucha fe.

Junto a una amiga, sentada en una banca de la Concha Acústica antes del inicio de la marcha, Ana María dijo sentir tristeza por la poca participación ciudadana. En lugar de venir a pedir paz, hay quienes prefieren ver novelas, no hay respuesta de la gente.

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Vivimos con un alto grado de desesperación porque ya ni en tú casa estás seguro. El gobierno tiene mucho que hacer. Se ha perdido mucho el respeto y ya no lo hay ni para quienes salen a ganarse la vida con algún negocio pequeño. Hay mucha impunidad, los delincuentes andan, como dice el dicho, ‘como Pedro por su casa’. Ya no podemos salir a cenar, nos da miedo que haya balaceras.

Así habla José Félix, cuya preocupación es mayor porque tiene un hijo de 17 años.

El mes pasado, dice, uno de sus hermanos y unos amigos fueron atacados a balazos, sin mediar razón alguna, y afortunadamente resultaron ilesos.