Por Miguel Ángel Casillas Barajas

Don José tenia una tienda de abarrotes allá por mi barrio de la calle León era un hombre de muy poco hablar, seco, tozudo en su trato,  cuando estábamos chicos y que jugábamos FUT-BOL en la calle nos corría a baldazos de agua  de tal manera que le teníamos algo de respeto, yo tendría unos 11 años y mi madre a diario me enviaba a su tienda a comprar una bolsita de café (del que trae un mono dentro de una taza que parece soldadito) un buen día me armé de valor y se me ocurrió preguntarle a Don José que si creía en el “esoterismo” ( iniciación a prácticas de la magia tanto negra como blanca)–esta es una palabra elegante que copié del diccionario en esos tiempos, con la finalidad de calar a don José para ver si tenía algo de cultura, guardó silencio por largo rato—despachó a otros clientes que habían llegado dejándome a mí al último, por fin  me despacho mi bolsa de café y cuando me disponía a retírame, con su voz ronca y enérgica ( en sus años mozos recuerdo que había sido militar) me detuvo casi al seco ¡ muchacho! ( Pá su mecha, dije entre mi, ¿ para que ando de hocicón?) ¿Por qué me preguntas si creo en el esoterismo?—me dijo don José—yo un poco nervioso y tronándome los dedos, insistí  “bueno… le pregunto si cree en el esoterismo porque a diario lo veo por la mañana que se pone a lavar su banqueta y a regar la calle y le talla como si fuera un ritual” –

¿ o es porque nosotros jugamos y le ensuciamos? mira muchacho, yo fui soldado y era escéptico a esas cosas de la magia negra,  al retirarme  puse mi tienda y  me empezó a ir muy bien pero un día mi negocio empezó a decaer, bajaron las ventas, mis clientes no me visitaban ni tan siquiera a pedirme fiado y desesperado salí a barrer mi banqueta y me encontré que en ella había varios escupitajos, al regar la calle, vi que había huesos como de pollo como si alguien los hubiera tenido la paciencia de acomodarlos en pila como el carbón cuando asas carne y  debajo de la banqueta, a un lado de la puerta de entrada puños de tierra, y en la otra puerta de entrada  huevos podridos embarrados en las puertas, desde ese momento empecé a creer que existen personas de mala fe que por cualquier problema que tengas con ellas , un mal trato,  una mala cara, o si le niegas el crédito, etc.. Te pueden  llegar  incluso a odiar por esas cosas, luego al siguiente día y a solicitud de mi esposa, acudí con una persona que se dedica a hacer limpias y me indicó que a partir de ese día diario por las mañanas debería lavar mi banqueta  incluyendo jabón y cloro primero por salud y después para librarla de escupitajos insalubres, popo de perros, tierra de panteón, huesos u otras cosas que alguna persona  te arroje de mala fe, y que tus propios clientes pueden meter a tu negocio al pisarlos, por eso siempre debes lavar y clorar los accesos al negocio esta debe ser una costumbre o un ritual como tu lo dices, de todo aquel que tenga un negocio abierto al público, independientemente de que invoques a dios en tus oraciones del día para pedir por tu familia, y por los demás, a mi en lo personal, desde  ese día las cosas me cambiaron  y ya para mí esta es una práctica que debo hacer toda la vida por si o por no, debo estar alerta y prevenido.- terminó diciendo don José-

Creer o no creer, lo dejo a tu consideración amigo lector, pero vale la pena tomar en cuenta estas observaciones.


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