Por: Óscar Verdín CamachoLos conocí desde que nacieron, los ví crecer y eran muchachos ejemplares, dedicados al trabajo, al deporte. Organizaban juegos, jalaban con ellos a los más jóvenes. Esa era su vida. No se imagina el dolor que estamos viviendo, no se imagina cómo están sus padres, deshechos. En Sentispac hay indignación, se siente una impotencia
Así habla una señora, una profesionista de Sentispac, municipio de Santiago Ixcuintla, en torno al asesinato que sufrieron los hermanos Edgardo y Gerardo Villegas Alaniz, de 31 y 26 años de edad, respectivamente, y Cipriano Abraham González Magaña, de 19 años, ocurrido a altas horas de la noche del viernes 11, en la carretera internacional 15, al ser atacados a balazos mientras viajaban en un automóvil marca Honda.
Los tres regresaban de Tuxpan, a donde fueron a jugar un partido de basquetbol.
Edgardo era maestro de la secundaria Heriberto Jara, precisamente en Tuxpan; Gerardo acababa de terminar una licenciatura en informática, mientras que Cipriano Abraham estudiaba para maestro y sus amigos lo conocían como El Apache.
Fuentes de policía consideran que los tres jóvenes fueron confundidos por un comando de matones. Al mediodía del mismo viernes, en el crucero de Peñas, municipio de Tuxpan, se produjo un primer ataque a balazos en el que fallecieron tres sujetos.
NO SE METÍAN CON NADIE
Los festejos por el inicio del carnaval fueron suspendidos en el citado pueblo entre sábado y lunes.
Los hermanos Villegas Alaniz fueron sepultados ayer, en la misma tumba, en el panteón de Sentispac, y este lunes se hará lo propio con el cuerpo de González Magaña, hijo del maestro Cipriano González, de la secundaria técnica de Sentispac.
El homicidio de los jóvenes deportistas ha calado fuerte al conocerse que se trata de víctimas inocentes de una guerra que libran organizaciones del crimen organizado.
Localizada por teléfono, la señora con quien habló este reportero sigue contando:
El viernes en la mañana, la familia Villegas estuvo trabajando en la trilla del frijol, en la cosecha, y por la tarde los dos hermanos y Cipriano se fueron a jugar a Tuxpanla trágica noticia aquí se supo como a media noche. El pueblo está consternado, indignado, eran jóvenes deportistas, eran gente de respeto, de buenas familias, no se metían con nadie
Anoche dormí como una hora y cuando desperté quería imaginarme que había vivido una pesadilla, que no era cierto lo que ocurrió.
¡Pasa esto y nadie hace nada!, ¿cómo que ahí quedó?. ¿Quién hace esto?, gente sin corazón, sin escrúpulos, ¿a quién culpar?
Al velorio y el sepelio vino mucha gente. Sus familiares, sus amigos. Un maestro, compañero de Edgardo, nos dijo: ‘vengo a ver si es cierto porque no puedo creerlo. Ayer estuvo con nosotros en Tuxpan
Tenemos miedo. Nos sentimos solos, no hay seguridad, el lugar en que vivimos se perdió y que Dios nos cuide a todos