Por Miguel Ángel Casillas Barajas

Mi hijo Carlos  participa como requinto y cantante de un grupo musical de la localidad y hace días nos hizo extensiva la invitación a mi esposa y a mí para asistir a un concierto de rock que se  llevaría a cabo en un salón de eventos muy conocido en esta localidad, como yo soy un apasionado de la música y principalmente del rock en todas sus especialidades, no pude rechazar ese delicioso manjar que me ofrecían y prestos estuvimos mi esposa y yo en asistir, para poder saborear esa noche, decidimos estar temprano en el recinto para escoger la mejor ubicación posible  ya que se esperaba una gran afluencia a este concierto.

Una ves que tomamos asiento, el grupo decidió hacer una prueba de sonido antes del “tokín”, que estaba programado a las 9 de la noche (nosotros estábamos ahí desde a las 8  aproximadamente) conectaron sus instrumentos y empezaron a ejecutar alguna rolas de prueba, en eso veo los rostros de los integrantes que se miraban uno al otro como desconcertados, debido a que se escuchaba mal en si el grupo, fuera de ritmo, descompasado, además el sonido emitía ruidos extraños,  en fin, mal en todos los aspectos y sentidos no al nivel de lo que nos tenían acostumbrados y que esperábamos los “roqueros” que nos habíamos dado cita al concierto, eso desmotivo yo creo a todos sus integrantes, hasta el grado que mi hijo Carlos hizo un  ademán tomando la iniciativa de detener  la música, ante la sorpresa mía y de mi esposa que no dábamos crédito a lo que estábamos viendo, acto seguido se quedaron los ejecutantes atónitos en el escenario, mirándose el uno al otro como si se preguntaran a si mismos ¿ que nos esta pasando? ¿Si todavía ayer en el ensayo salieron las cosas bien y porque ahora nos está saliendo todo mal? El gerente del lugar de inmediato envió a varios técnicos a que revisaran cable por cable aparatos, micrófonos, guitarras etc... Para deslindar cualquier falla técnica  que estuviera ocasionando el desconcierto imperante en esos instantes, casi por reflejo, en el mismo instante Carlos, invito a sus compañeros a un lugar apartado del escenario a dialogar para estudiar seguramente a fondo la situación o el problema.

Mi esposa que es muy nerviosa  casi se comía las uñas de los dedos y volteaba a cada instante a esa mesa apartada del lugar que habían escogido los integrantes del grupo para dialogar, yo por mi parte, aparentaba una calma chicha muy lejos de sentir, para entonces había empezado a llegar la gente y el lugar se estaba llenando, mientras desde nuestras sillas observábamos que todavía los muchachos del grupo  seguían con su diálogo y en ratos se paraba uno y hacía ademanes, después otro de los integrantes daba vueltas a la mesa, uno mas golpeaba la misma mesa con las manos y  en ratos  parecía retirarse del evento y los demás lo detenían en fin, tal parecía que  esa noche no disfrutaríamos de un buen concierto de rock, ya que  para mi buen ver las cosas no estaban del todo bien y la hora de la actuación había llegado y yo no veía cuando se pusieran de acuerdo entre ellos, chequé  mi reloj y vi la hora “ la nueve con diez” -le dije la hora a mi esposa-ella me contestó angustiada   ¿ porque no intervienes tú? –No, le contesté, deja que ellos arreglen sus cosas debemos de respetar sus privacia y sus espacios, no te preocupes a algún acuerdo deben de llegar, solo espera. ” Las nueve con quince” -miré a mi alrededor la sala estaba llena y al igual que yo la gente miraba su reloj y se preguntaba seguramente ¿que pasa? Sin encontrar ninguna explicación posible.

El gerente del lugar desde su ubicación estratégica volteó hacia donde estaba yo y me hizo una señal encogiendo los hombros como disculpándose conmigo del atraso “yo no se que pasó, ni me lo explico” (por lo menos así  entendí esa subida de hombros y su cara de asombro) 9:18, la gente empezaba a inquietarse y a pararse cuando de improviso, entra el grupo a ocupar su lugar en el escenario muy sonrientes todos, conectan, saludan y empiezan a ejecutar covers de los   grupos de rock mas importantes como: Maná, Enanitos verdes, Los Beatles, Caifanes, Los amantes de Lola, etc.  Con una fuerza interpretativa como jamás los  había escuchado; uno a uno los éxitos del rock desfilaron con gran calidad interpretativa de esa manera mágica transcurrió el concierto que nos ofrecieron esa noche.

La lección que nos deja todo esto, es que debemos aprender de la juventud y de la fuerza del dialogo que ellos tienen, y aceptar que  en ocasiones a nosotros los adultos, se nos cierra el mundo para redimir nuestras diferencias tanto de trabajo como familiares o de cualquier otra índole.  

Y que  comprendamos un poco mas a nuestros hijos,  que no cerremos los ojos a las trampas que les tiende el destino para probar su espíritu de convivencia como seres humanos y  a nosotros como padres para saber si de verdad  podemos dejar que nuestros hijos por si solos puedan enfrentarse y salir airosos de los retos y las trampas que la vida les ofrece, teniendo presente siempre, el gran poder de la negociación para resolver esos retos.

Por mi parte y de mi esposa nunca quisimos saber, ni preguntar  cuales habían sido esas diferencias que ocasionaron ese diálogo Tan intenso dentro del grupo en el que participa mi hijo, solo supimos, que bastaron unas cuantas palabras, para que nos brindaran un gran  concierto  en una noche inolvidable.    

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