Por: Óscar Verdín Camacho.- Dos ancianas, una de 91 años y otra de 90, están padeciendo una amarga coincidencia: las dos sufrieron fracturas, una en Tecuala y la otra en Tuxpan, y ahora se encuentran en un pequeño cuarto del Hospital General, en el área de triage –donde los pacientes son valorados y los médicos deciden si ingresan a urgencias, quirófano u otra área que requieran-.
La semana pasada, aquí fueron mostradas fotografías de ese lugar, un pequeño cuarto con medidas aproximadas de tres metros por 1.5 donde los enfermos están hacinados.
Una semana después, la situación no sólo no ha mejorado, sino que cada día parece estar peor.
Y es que en ese lugar, ayer se encontró a ¡ocho pacientes!, de los cuales sólo la señora Juana González Soto, de 91 años, vecina de Tecuala, estaba acostada en una camilla.
De hecho, cuando este reportero arribó a esa área, varios familiares de los pacientes renegaban por la escasa atención que se les da, e incluso amenazaban con manifestarse en las calles para denunciar la situación en que funciona el nosocomio. El coraje es generalizado.
Una de las hijas de la anciana explicó que ésta ingresó hace tres días, producto de una fractura en la mano derecha, por caída, y primero se le dio un sillón y luego la camilla.
Por su parte, María Luisa Serrano, de 90 años, vecina de Tuxpan, fue ingresada anteayer al hospital y ha estado sentada en una silla de plástico. Ahí pasó la noche. Un hijo que la acompaña señala que su mamá fue operada hace tiempo de un brazo, pero los fierros se le salieron y se le dio el pase a Tepic. Nunca se imaginaron las carencias que encontrarían en el hospital.
Una tercera paciente en ese cuartito es Martha Sandoval Villarruel, quien muestra una bola grande en la panza debido a una hernia, según dice. Por su situación, ocupa el único sillón que hay en la habitación.
En una esquina del cuartito, en una silla, Carla Yaneth González Pérez ni siquiera levanta la cara, echado su cuerpo hacia delante, sobre las rodillas.
Es de Tuxpan e ingresó al hospital la noche del miércoles. Su esposo –que le soba la espalda- señala que es mucho el dolor que ella siente debido a un padecimiento. Tampoco hay cama para ella. Sólo una silla de plástico.
Carlos Ríos García, de 29 años, ayer sufrió la fractura en un pie. Está sentado en el suelo.
Por su parte, Eligio Fregoso Mayorga, vecino de Las Pilas, municipio de Rosamorada, anteayer cayó de una bicicleta y tuvo la fractura en un brazo. También pasó la noche en una silla del hospital.
A su vez, la señora Ramona Sojo Rivera, de 55 años, señala: ¡ésa es mi cama!, mientras indica con los ojos una silla color azul.
Requiere de una operación por fractura de rótula izquierda. Con domicilio en El Jicote, municipio de Tepic, indica que fue ingresada en el hospital el martes y continúa en la misma situación.
Aquí no nos podemos asear, no hay medicina, no hay para cuando operen a los pacientes que lo necesitan. Nos dicen que si los operan, las placas que se necesitan nosotros las tenemos que pagar, reclaman familiares de los enfermos.
Indican además que se da preferencia a otros pacientes con menos urgencia.
EL HOSPITAL NO PUEDE
Al igual que la información ventilada hace una semana, personal médico explicó –con la petición de no ser identificado- que la carga que tiene el Hospital General va más allá de las posibilidades de atención reales, sobre todo desde la aceptación de todos los enfermos que tienen Seguro Popular.
La gente reclama y tiene razón, y nosotros también a veces andamos de malas porque no podemos solucionar esto. El problema mayor, además de la falta de medicina, es el espacio físico de la sala de urgencias. Es insuficiente. No hay camas para todos, por eso están en sillas, en el suelo. Aquí hay una realidad muy grave y no se puede ocultar con discursos.
Fue explicado también que la necesidad de operar pacientes fracturados retarda mucho porque no se suspenden otras cirugías, ya programadas. Esta mañana había ocho pacientes con fracturas –algunos ya citados- en urgencias o en el triage.
Hace dos años, el cambio de la ubicación del área de urgencias se debió a los trabajos de remodelación de la sala original, pero los mismos están suspendidos desde hace meses, producto de presuntos malos manejos financieros.
Así, el caos es total. Y el reclamo social va en aumento.
REGRESAN ENFERMERAS
Anteayer, por cierto, terminó la manifestación que desde hace dos semanas mantenían enfermeras que cubren suplencias en el citado nosocomio.
Según se conoce, la mayoría de las enfermeras aceptaron firmar contratos por varios meses de trabajo en distintos programas, por ejemplo contra el paludismo, aunque en realidad seguirán comisionadas al Hospital General.
Sin embargo, no todas las enfermeras entraron a esos contratos y algunas regresaron a trabajar con las manos vacías.
A las enfermeras se les hizo saber –o al menos eso creen- que próximamente obtendrán su base sindical.
Una de ellas, por cierto, la semana pasada abandonó el estado por temor a represalias, después de que recibió amenazas anónimas.