Por: Yanin Cortés Curiel
Se llamaba Napoleón y se dormía conmigo. Le gustaba la carne y cuando llegábamos a la farmacia a Napoleón le gustaba jugar con el medicamento. Como tenía dos cachorros, Napoleón ladraba y cuado no quería ir conmigo lo subía al coche con artificios, le prometía pasar a comer sus tacos favoritos, Napoleón comenzaba a golpear con su pico los vidrios y yo lo convencía con un -vamos a ir a comer tacos (porque al pequeño parlanchín le gustaba comerlos) y se metía en mi pecho y descansaba.
Uno debe ser impecable con las palabras, uno de los cuatro acuerdos citados por Miguel Ruiz, lo que resulta en la práctica más lejano que frecuente, sin embargo es también entretenido aplicarlo. He de confesar que de momento la extrañeza vino a mí al enterarme que el aspirante a un puesto de elección popular Mario Basulto Mares haya reaccionado de tal manera, pero la tecnología no miente mientras la fuerza de los toros desespera, pues a continuación una muestra de frustración, a decir mío un mal entendido pero irrefutable ejemplo del poder e impacto de las palabras.
Resulta pues que por el demandado facebook, le llegó etiquetada una foto del señor Mario Basalto a una ciudadana que abiertamente postea EL TORO ES MI GALLO, acto seguido, un perfil con el nombre de Mario Basalto Mares responde un Hola, qué bueno que sea tu gallo, no es el nuestro Saludos a tu mamá, a grosso modo minutos más tarde, Basulto elimina el comentario excusando según terceros de la charla on-line, que había confundido los remitentes y para evitar malas interpretaciones fue eliminado de inmediato, lo cierto es que fue escrito y generó una reacción de grosería para el lector O usted ¿qué opina?
¿Ahora queda más claro el porqué debemos ser impecables con las palabras?
Cómo vamos confiar en una oferta pural e incluyente si no somos capaces de asumir las diferencias y practicar la tolerancia. Un deficiente proceso de comunicación tiene origen en el mensaje, si la idea no es planteada correctamente entonces se tergiversa el mensaje y PLASH llega el Apocalipsis.
Mmm ¿y quién es Napoleón y quién el Gallo? Historias como ésta han desatado Guerra Mundiales por eso es de vital importancia ser impecable con las palabras, la libertad de expresión debe ser íntegra, las palabras son una verdadera arma mortal cuando llevan consigo la intención de menoscabo pueden ser balas perdidas que hieren a muerte o en su defecto conciliadoras entre la diversidad de nichos.
Por lo pronto les responderé que Napoleón no es un perro sino un bello Loro que vivió conmigo y el Gallo para mí es El Toro, su servidora es El Pez, reciban estas palabras para la reflexión, les agradezco su atención amables lectores y como siempre quedo a sus órdenes en el correo yanncortes18@gmail.com para hacerme llegar sus comentarios. Muchas gracias y hasta la próxima.