Por: Lic. Javier Durán
Hace días tuve la gran oportunidad de escuchar conceptos extraordinarios con respecto a la educación y el propósito de la misma en los estudiantes. El curso- taller Liderazgo para la Innovación y Transformación Educativa impartido por el especialista José Ángel Gámez Hernández, fue otra de las acciones a favor de la modernización y capacitación de los directores y subdirectores de los planteles de educación media superior del estado, así como de los profesores por parte de la Secretaria de Educación Media Superior, Superior e Investigación Científica y Tecnológica (SEMSSICyT), atinadamente liderada por el maestro en Ciencias José Luis Toral Aguilar.
En estos cursos que indudablemente vino a despejar muchas dudas de cómo realizar con mayor eficacia nuestra labor docente, comprendí por ejemplo, que pese a que los maestros hemos sido muy criticados por la sociedad y algunos medios de comunicación, son los padres los que no han cumplido con la primera etapa de educación en sus casas. No han cumplido su papel como padres en el proceso denominado socialización primaria.
En esta etapa que es absoluta y completamente responsabilidad de los padres y las familias, el niño tiene que aprender cosas realmente esenciales en todo ser humano como lo es: asearse, vestirse, obedecer a los mayores, proteger a los más pequeños, compartir alimentos.
Es en esta etapa en donde el niño aprende a respetar a sus maestros, a reconocer lo que está bien y lo que está mal según las pautas que impone la sociedad a la que pertenece.
Un niño con este tipo de aprendizaje que llegue a nuestras escuelas, será fácil como maestros hacer la parte que nos toca en lo que os especialistas llaman: socialización secundaria, en cuyo proceso adquirirá conocimientos y competencias de alcances mas especializados.
Dice el especialista en su texto: Si una socialización primaria, se ha realizado de manera satisfactoria, la socialización secundaria será mucho más fructífera, pues tendrá una base solida sobre la que asentar sus enseñanzas. En caso contrario los maestros o compañeros deberán destinar mucho tiempo puliendo y civilizando a quien debería ya, estar listo para mayores aprendizajes.
No somos los maestros que hemos estado fallando en el proceso educativo, son los padres de familia que se han olvidado que tienen que jugar el papel de padres. No están llamados a jugar el rol de solamente proveedores de alimentos o de payasos para hacer reír a sus hijos. Tienen la obligación de educar a sus hijos, de enseñarles los valores básicos que todo ser humano debe tener. El gobierno podrá gastar todo el dinero del mundo si quiere, impulsando cada mes valores universales para que seamos mejores ciudadanos, pero si como padres de familia no los ponemos en practica, ni mucho menos se los enseñamos a los niños todos los días; de nada servirá. Es dinero tirado a la basura. Es un clamor en el desierto.
Por eso, para criticar el trabajo del docente, el padre de familia debe tener el valor suficiente como para darse cuenta si como padre ha realizado su trabajo, de no haberlo hecho, deberá unirse y apoyar al maestro para que pueda hacer su trabajo con libertad. Apoyar en los casos en que el maestro se lo pida, para que juntes se logre formar a un buen ciudadano de acuerdo a las exigencias de nuestro tiempo y sociedad.
La falta de compromiso de los padres de familia en el proceso educativo, es lo que a mi parecer, ha sido el detonador de una sociedad falta de valores y con jóvenes que deciden buscar fortuna al margen de la ley.
Hemos abandonado nuestras obligaciones para satisfacer la necesidad de bienes materiales ¿y que pasa con el afecto hacia nuestros hijos? ¿Qué pasó con la necesidad de cariño y apoyo de los padres hacia los hijos?
Muchos niños llegan a las escuelas solo para recibir afecto por parte de sus maestros, afecto que en su hogar nunca reciben.
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