Por: José Ma. Narváez Ramírez.

Es muy lamentable que tengamos en la propia casa, como huésped de honor, al enemigo público número uno de la lectura, con tantas maravillas que ésta nos proporciona y nos conduce por los inmensos caminos que dentro de la fantasía y la realidad nos hacen viajar sin necesidad de subirnos a ningún aparato mecánico o a algún artefacto estratosférico, simplemente arrellanados en un cómodo sillón casero, abrir las páginas y adentrarnos en su contenido para activar a nuestras neuronas y penetrar al mundo mágico del conocimiento.

Este enemigo declarado, implacable, atroz, común y corriente, barato y a la vez excesivamente caro, perturbador y acremente violento, apestosa cloaca de la prostitución, la degradación y el vicio en todas sus presentaciones; entre otros muchos calificativos de inutilidad dentro de las formas más estúpidas de perder el tiempo, es la televisión (la caja idiota) declarado cruel adversario de la palabra escrita.

Cuando este invento del cerebro humano es definido como maravilloso, es cuando se utiliza para educar, para llevar los conocimientos que en el Internet llenan millones de millones de páginas acompañadas de bosquejos, diagramas, imágenes y dibujos que ilustran al lector para enriquecer su acervo. Esta es la misma misión de los libros, desquiciada por la comercialización de la noticia a través de la TV en un afán desesperado por conquistar al espectador por medio de insulsos teleculebrones, series de violencia, sexo, vicio y droga, entre la exageración de cualquier nota informativa deformada y maquillada con sonidos y pinturas preocupantes, por el negocio que implica el manejo de canales y transmisoras que van a la par con las ganancias de más de trescientos mil millones de dólares al año, divididas con los narcos.

La industria manufacturera del libro, que ahora los elabora en forma de cidís (o algo más moderno) y cualquier persona los puede leer o escuchar en su computadora y, hasta puede proyectarlos, ahorrando en gran parte el gran costo que representa la tala de árboles (para la fabricación de papel), y de esta forma se convierte en aliado de las campañas ecológicas y del combate al calentamiento global.

Comentar esta situación tan dispar en el sentido de eliminar a un enemigo de los libros, tan cómodamente instalado en el seno del hogar, es casi igual al combate de los narcotraficantes por medio de las policías y las fuerzas armadas de nuestro país, correspondiendo exclusivamente al gobierno de los estados su exterminación, ahora imposible por haber propiciado la corrupción entre sus sistemas.

En las encuestas contemporáneas hechas por los editores de libros en México, quedó demostrado que el mexicano lee muy poco, casi nada y compra los volúmenes más baratos, prácticamente para adornar su biblioteca, igualmente la lectura de los periódicos poco a poco va haciéndose menor, vaticinando que no está lejano el día en que la información será en casetes, eliminando la impresión de órganos informativos en papel a reserva de que salga otro medio más económico y más práctico.

Control señores Control Ante este tipo de arrasadores de nuestras costumbres (como la buena lectura), la guerra monopólica seguirá adelante sobre todas las cosas que sirven a la nación, convirtiéndolas en vil chatarra y se repetirá la historia de aquél incendio criminal de la enorme biblioteca de Babilonia