Por: José Ma. Narváez Ramírez.

Con la unión de la mayoría de los medios de comunicación, ayer nuestro país lanzó un reto nacional al crimen organizado, exhibiendo como carta fuerte que el periodismo es víctima del más alto índice de criminalidad en su historia.

Como siempre hemos sostenido, la pluma es el arma más efectiva contra la narcoviolencia desatada y aquellos que la enarbolan como un fusil en esta supuesta guerra de Calderón contra la delincuencia organizada, contribuyen con su grano de arena a combatirla, aunque los resultados no convencen en realidad a la ciudadanía que comprueba que el problema va en crescendo en lugar de encontrar soluciones. Además, para proteger a los comunicadores, estos no firmarán sus escritos y las empresas editoriales –previa aclaración- se harán responsables de la publicación ¿Y los medios televisivos...?

Los individuos utilizados para la lucha armada son en su mayoría jóvenes sin preparación escolar, chavos que al no encontrar trabajo bien pagado y caer en su mayoría en las garras del vicio y la mal-vivencia, son enganchados (o encandilados) por sujetos que usan las ganancias que obtienen por embrutecer a sus semejantes, para sostener el pleito por las plazas y aquellos que los representan, son tratados de imitar por los muchachos inexpertos que ven en ellos la forma de obtener buenos fajos de billetes a cambio del espejismo de una vida mínima de aventuras fantasiosas, pero que les proporcionan entradas de dinero que nunca soñaron y que les permiten dejarle a sus parientes lo suficiente para vivir holgadamente una temporada, cambio de perder la vida, después de truncar las de sus semejantes y desollarlos vivos.

Aquí es donde sucede algo insólito, los familiares de los sicarios, de hecho pobres y con escasa preparación escolar, magnifican estas acciones y en algunos casos piden a Dios, que cuide a los capos de los cárteles de la droga y a los sicarios que emplean, para que sigan recibiendo dinero, que al cabo –dicen- con eso compran a las autoridades.

Y esto ya se ha vuelto añejo en el historial de la delincuencia, cuando repasando los retablos que por cientos cuelgan en las paredes de las iglesias, encontramos uno que tiene escrito (como Dios le dio a entender al autor): Gracias a mi birgensita de guadalupe, por aver puesto la cascara de platano en el camino del cuico que me benia persiguiendo Y en el dibujo alusivo va un policía por los aires después de haber resbalado al pisar una cáscara de plátano y delante de él va un ratero con antifaz, corriendo vuelto la mócha con un botín rebosante de joyas y una firma ilegible al calce.

Por eso tenemos que redoblar nuestros esfuerzos para lograr que en el renglón educación saquen al montón de individuos que presumen de maestros y no son más que una sarta de rateros que únicamente medran a su favor simulando que educan a nuestros hijos, dirigidos por una maestra nefasta que se está aprovechando de los mal llamados educadores que muy pocos se preocupan por el escaso nivel escolar de los chamacos y que creen que con un programa de televisión (Todo mundo cree que sabe) pueden maquillar un robo a la nación. Ahí tienen a un tal Lujambio de secretario del gremio, que vale poco menos de lo que se le unta al queso

Lo mismo se ocupa en las policías La mafia más grande del mundo tiene entre sus redes a nuestro país y el poder judicial, al parecer, tiene mucho que ver en la jugada. Nuestras autoridades dejaron en el narco-poder prosperara la corrupción entre los buenos y los malos ahora necesita de una mejor estrategia para erradicarla y ¿Quien va a pagar por integrar un comando para combatirla, si todo el billete se lo reparten unos y otros? Más de trescientos mil millones de dólares al año

Control señores Control No nos hagamos, en esto del combate necesitamos un gallo del mismo corral y punto porque así, estamos valiendo madre.